Hay gestos, que aunque pequeños, echan luz y esperanza en una zona en que la rueda de la barbarie no parecería tener fin.
Algunos ciudadanos israelíes, indignados y horrorizados ante el crimen de Beit Hanun (Gaza, Palestina, dónde murieron cerca de veinte personas la semana pasada) decidieron no callar más y publicaron sendas esquelas dirigidas a las familias palestinas. En uno de estos mensajes, leemos: “agacho mi cabeza con vergüenza sin parangón y profundo dolor ante vuestra desgracia. Los israelíes sensatos están invitados a sumarse a estas condolencias”.
Las llamadas de apoyo no se hicieron esperar, entre las que se contaban, como esperanzador signo de que también al otro lado llega el mensaje, una comunicación de miembros de una familia palestina agradeciendo la deferencia.
El día en que las páginas de los periódicos de la zona se llenen con este tipo de esquelas (dolidas, sinceras, espontáneas) ante cada acto criminal e irracional dónde mueren inocentes; ese día, posiblemente, sea el principio del fin de tanta muerte…
La luz, aunque sea de una llama única y diminuta, es siempre un punto dónde anclar la mirada entre tanta oscuridad.