Mesa compartida. Noche. Permanezco en silencio, testigo transparente, ante estos casuales compañeros de comida. Tres académicos extranjeros. Edad mediana dos de ellos, jovén el tercero. Mucho ruido. Mucho aire. “Como follarse a una mosca”, diría una conocida francesa. Oyéndolos, sospecho la decadencia, el declive, una cultura a punto de caer al abismo.

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