Gripe porcina, gripe del pollo, vacas locas, terrorismo, crisis económica, cambio climático…
En el aeropuerto de San Juan, un anuncio nos informa que estamos en “alerta naranja” por la amenaza terrorista. Un punto menos que en su escala máxima. Los altavoces nos exhortan a mantenernos alertas, a denunciar cualquier comportamiento sospechoso.
Quince horas después, ya en Barcelona, el avión aparca al costado de otro proveniente de México. Alrededor de éste, coches y personal sanitario con mascarillas.
A la salida de la terminal, un enjambre de periodistas alborotadores…
El tren se desliza hacia la ciudad. Nuevo, silencioso, casi vacío.
Un mundo lleno de miedos y alertas, histeria colectiva y sospechas, dónde cada ciudadano podría ser portador de una amenaza.
Se ejerce el control, se expande en cada rincón.

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