Nos cuentan que Alemania presiona para que España acepte, finalmente, solicitar el fondo de rescate europeo. Quieren nuestra rendición incondicional. Tras un par de años de bombardeos de deuda masivos, ataques bursátiles y terrorismo financiero, el enemigo ya está maduro para solicitar su rendición. Otro país más a sumarse a la lista de territorios ocupados, sin soberanía, con mano de obra barata, y grandes oportunidades de negocio.
No sé que les pasa a esta gente, de que mal incurable sufrirán: cada vez que levantan cabeza, miran a hacia el resto del continente y ya están elucubrando como hacerlo suyo. Sino sirven las armas, servirá la economía, piensan.
Y allí los tenemos ocupando Atenas, Lisboa, Dublín… y quieren también Madrid. ¿Cómo lo lograrán? Muy sencillo (ay, bendita memoria histórica): cuatro columnas que avanzan hacia la capital y una quinta, que bien agazapada entre sus ministerios y bancos, espera ansiosa el momento de sumarse a los festejos de ocupación…
Pero se olvidan el final de la fábula nibelunga (¿memoria selectiva?): siempre que se les dio por fastidiar al continente, terminaron rendidos, por no decir, con su capital arrasado (valga el error sintáctico, que no cambia para nada el sentido de lo dicho).