Es tan grande el trauma, el crimen, la herida, que damos vuelta el rostro, intentamos olvidar. Para no ver, para no pensar, para no saber.  La mismas conmemoraciones anuales son fechas de guardar que no ayudan a la comprensión del fenómeno. Es muy difícil vivir con la certidumbre de que esto fue y es posible. Los días se suceden, el azul del cielo baña nuestros rostros, el sol se hace fuerte, optamos por la sonrisa y por la alegría. Es natural. Es también saludable. Y sin embargo, “esto” está aquí. Como un pozo, como un interrogante, como un signo de exclamación, como un letrero de aviso, como un aviso de incendio…

[ Terezin, julio de 2012 ]