Sucede con el cine lo que sucede en todos los ámbitos de nuestra sociedad. Es muchas veces más interesante el discurso sobre la obra, que la obra misma. Más sugestivo lo que dice el autor sobre sus intenciones, que la misma creación al contemplarse. El problema es que luego, eso que estaría fuera de la obra,  el discurso sobre la cosa, contamina la crítica, haciéndonos creer que la obra es aquello que nos dicen que es… y uno no sabe si uno es un tonto que no ve lo que dicen que hay, o todo es producto de una prestidigitación alucinatoria. Y de repente, una voz disonante se atreve a decir aquello que estábamos barruntando: que allí nada de nada, que sí, que la idea es bonita y tal, pero que en la obra, nada. A veces uno se siente tan solo…

[ Barcelona, enero de 2013 ]