[este texto lo escribí hace doce días… a pesar de las noticias de hoy, la esperanza es lo último que se debería perder. Mantener la esperanza en tiempos de conflicto, en una solución justa y duradera, es de por sí, un acto revolucionario, un acto de profunda humanidad, de civilización.]

Observo a Nathan, durmiendo tranquilo en brazos de su madre. Se abre paso a la luz, de a poco, sus ojos se entreabren, primero ligeramente, luego con intensidad. Vino al mundo el pasado seis de agosto. Faltaban diez minutos para las diez de la mañana. En Gaza, la tregua aguantaba. Cuarenta y ocho horas de calma tras semanas de muerte. Fue una de las primeras cosas que le conté, feliz, a mi hijo Nathan…

Julio fue un mes de angustia… seguía las noticias del acontecer como un adicto, compulsivamente, como quién busca claves que le permitan comprender, explicar. Ora la prensa francesa, ora la israelí, ora la española, ora la inglesa…

Evitaba las redes sociales como quién evita destapar una olla que contiene un guiso en mal estado: la podredumbre lo impregnaba todo, y un estado de tristeza y malestar me acompañaba el día entero.

No tengo vocación de columnista. Nunca la tuve. Siempre me sorprendieron esas personas que de todo opinan, que todo lo saben.

Este blog nunca pretendió ser una columna de actualidad, sino más bien un conjunto de notas, impresiones, apuntes. Los mismos temas tienden a ser visitados y revisitados. Una y otra vez. No en vano, es el universo que me ocupa, siempre limitado, siempre finito.

Muchos de los textos aquí publicados no tienen relación alguna con la fecha de su difusión. Esta no es más que un índice cronológico, a manera de numeración en las páginas de un libro. Muchos de los contenidos fueron escritos en tiempos anteriores, en otras geografías…

Permítaseme esta introducción como contrapunto de porque sí, está vez, dedicaré algunos posts a un tema de rabiosa actualidad noticiosa. Pero no como columnista de rotativo pagado y mandado a escribir sobre un tema concreto, sino como quién se siente plenamente alcanzado, atravesado e interrogado por una cuestión que, como en la figura de la espiral, en cada uno de sus giros, en cada una de sus reapariciones, vemos acrecentada, en peligrosa progresión geométrica, su virulencia. Ya no es ni farsa ni tragedia, sino el germen de algo que preocupa, que me ocupa: se vislumbra el huevo de la serpiente.

Durante las últimas semanas asistí con estupor el acontecer en Gaza y todos sus fenómenos adjuntos: la mentira y el cinismo del Hamas, la violencia de la respuesta israelí, la irresponsable cobertura ­–por maniquea– de los medios de información europeos, la explosión en las redes sociales, la intimidación de las manifestaciones en las calles europeas, la intolerante actitud de la sociedad israelí ante la disidencia…

Quise entender. No sé si lo logré. Pero es necesario apuntar, aunque sea provisionalmente, el fenómeno. Encuentro que aquí existen distintos elementos que de tanto reducirse en ese intento simplificador de encuadrar todo a ciento cuarenta caracteres se convierten en una amalgama que no ayuda en nada a entender lo que está sucediendo.

Una cosa es lo que allí acontece, otra la manera en que los medios y las redes sociales retratan el conflicto, y una tercera, el antisemitismo que parece volver a Europa de la mano de grupos que, bien observados, se oponen abiertamente y sin tapujos al proyecto europeo y como tales, encuentran aquí la excusa ideal –histórica– sobre quién descargar su ira como principio de un proceso de ataque a la totalidad.

Importante, vital, es separar los fenómenos entre si. Es tarea de decencia. Quién busca la paz, debe ante todo, buscar la verdad. Si bien estos fenómenos se retroalimentan, no están ligados de manera evidente. El automatismo de su relación, tanto por ignorancia, tanto por maldad, es imperioso desactivar.

Escribo esta introducción como marco de los posts que se irán publicando agrupados bajo el título “variaciones sobre lo mismo”.

El título da cuenta, si se quiere, sobre mi punto de partida.

Termino estás líneas envuelto en el suave silencio que rodea nuestra habitación en la clínica, este sábado de agosto…

[ Barcelona, 9 de agosto de 2014 ]