Reza la máxima periodística que el hecho de que un perro muerda a un hombre no es noticia, pero sí lo es el que un hombre muerda a un perro…

Hace unos días un periódico peninsular publicaba, en su edición impresa, una portada dramática. Un gran título encabezaba la página: «Vergüenza Mundial». Bajo el texto, una gran foto de mujeres ataviadas con pañuelos, lamentándose. Se refería al acontecer en Gaza.

Observo la foto. Pienso que la escena es, desgraciadamente, intercambiable: Siria, Irak, Líbano, Egipto… al no recordar una portada similar de este periódico clamando con tan sangrante letra ante otros recientes atropellos y barbaridades, me viene a la memoria una conversación mantenida con I., artista palestino, que había conocido durante mi estadía en Alemania.

Eran tiempos de la Segunda Intifada y recuerdo que charlamos sobre la posición de la prensa y de la llamada izquierda europea. Él, decepcionado, argumentaba que no era el amor hacia los palestinos lo que movilizaba toda esa algarabía, sino una amalgama de sentimientos e intereses en sí contradictorios que iban desde el odio al judío hasta el amor ciego. Es decir, desde el antisemitismo hasta la sorpresa incrédula de verlo involucrado en acciones bélicas. «No es el sufrimiento de la víctima lo que los moviliza, sino el victimario», concluiría.

Visto lo visto tras todos estos años, no tengo más que corroborar el argumento.

Parece ser que más de cien mil muertos en Siria no constituyen vergüenza mundial alguna, tampoco las violaciones masivas de derechos humanos que están teniendo lugar en Irak a manos de los movimientos islamistas, y que bien documentadas quedan en espeluznantes videos que circulan por la red. Para este tipo de prensa, los millones de muertos en el Congo (entre ellos un gran porcentaje de niños), y otros muchos conflictos, son pura anécdota, nada de vergüenza. Son rutina. No merecen reseña, y si sí, una pequeña columna escondida en la quinta o sexta página… ¿Manifestaciones en las calles europeas? ¿Vergüenza? ¿Mundial? Nada de nada. Ya que el hecho de que se maten «entre ellos», para esta prensa y esta progresía racista de falsa izquierda es normal… pero que lo hagan los israelíes es digno de primeras páginas.

Entiendo muy bien que I., hombre ecuánime e inteligente, se haya sentido insultado.

[ Barcelona, finales de julio de 2014 ]