Tras la presentación del film, un espectador me pregunta: “Entonces, ¿quién mató a Walter Benjamin?” Y sin pensarlo, contrario a todas mis costumbres, como un acto reflejo, contesto: “los benjaminianos, por supuesto”. El público ríe, festejando la broma.
Lo que no saben, es que cada día estoy más convencido de esta verdad y que no se trataba de broma alguna.