Constato un fenómeno: si algo moviliza transversalmente a una sociedad, son los trapos de colores, las banderas. Todo lo que tiene que ver con el nacionalismo convoca, siempre, en todos los rincones del planeta, miles y miles de manifestantes. No así la cultura, ni las condiciones sociales, ni el coste de la vida, ni el hecho de que estén ahora mismo masacrando a otros en muchas partes del mundo. Lo que a la gente le importa, lo que a la gente le moviliza, lo que a la gente le mueve, son los trapitos de colores. “Dales un trapo, píntale unas barras, y la gente estará dispuesta a morir por el”, escribió una vez un ideólogo nacionalista a finales del siglo diecinueve. Y no se equivocaba.