“Vivimos en un mundo ya poco dado a las sutilezas. Hasta hace muy poco, un Ministro de Fomento, por ejemplo,  terminaba su cargo y ‘casualmente’ se ponía a trabajar en el Consejo de Administración de una empresa de energía. El ciudadano de a pié se preguntaba, indefectiblemente, que favores le habría hecho durante su mandato a dicha empresa… Hoy en día ni siquiera es necesario guardar las formas: las empresas meten directamente a sus candidatos a ministros, y a cara descubierta, defienden sus propios intereses, supeditando escandalosamente lo público a sus propios beneficios. Y cómo ya nos son tiempos de sutilezas, debemos, nosotros también actuar sin sutilezas, a cara descubierta… ¿O resulta que solo a los ciudadanos se nos exige cuidar las formas? ¿Ahora entiende Sr. Consejero porqué está usted aquí?” El secuestro del consejero (ensayo para teatro político), Gustavo Goldberg.