Vino hacia mi hablando de los judíos, que tararí, que tarará. Filosemita declarado. En realidad, su aproximación partía de una premisa falsa: “los judíos son ricos, millonarios, dominan el mundo, negocian entre ellos restregando sus manos, y este, que es judío, seguramente encontrara la ‘pasta’ para el proyecto”. Lo miré divertido. Le dije que sí. A los pocos días tomó consciencia de su error, al mismo ritmo que su fervor filosemita se iba desinflando.