El sábado posterior al once de septiembre último, tomando un café, me encuentro con M. A modo de preámbulo, me dice: “ayer estuve en la concentración, fue emocionante”. “Ten cuidado con las emociones”, le advierto, “las emociones y la historia nunca fueron un buen maridaje. La historia es cuestión de razones”.

[ septiembre 2015 ]