Criminales. Miércoles. Mañana. Día soleado. Primeros fríos. Passeig de Gracia, Sucursal Bancaria, Barcelona. Acción de la PAH. Un señor mayor se acerca al micrófono, toma la palabra. Cuenta su caso: “Bueno compañeros. Nosotros llevamos tres años ya, va para cuatro. Caja Galicia se quiere quedar con dos pisos. Se quiere quedar con el piso de mi hijo, que murió, y ahora se quiere quedar con el nuestro. Se lo hemos dicho: se quedarán con el de mi hijo porque no se lo puede llevar a… –su voz se detiene, se quiebra, levanta la mirada, y continúa– pero por el nuestro vamos a luchar todo lo que podamos, vamos a luchar contra esta lacra que hay. No tienen consciencia. No tienen bastante con uno, quieren dos. Y además quieren que paguemos treinta mil euros más. Conmigo lo van a tener muy duro. Después de que he perdido un hijo, quieren quedarse con las dos cosas. ¿A dónde vamos a ir? Tengo setenta y siete años, y yo ya no puedo trabajar en ningún sitio. Lo que quiero decir es que con la ayuda vuestra creo que lo voy a superar. ¡Sí se puede!”

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