El entrevistador, con aire justiciero, se planta frente a su presa. Hombre bien pagado de sí mismo, el periodista insiste, acusa, condena. Su nivel de audiencia lo ratifica. «¿No veis acaso como me siguen, como les gusto?», piensa con seguridad. Mientras tanto, el entrevistado suda, carne de cañón, clown circense de entreactos, su función de divertimento ocupa toda la pantalla de los plasmas del país. 

(febrero de 2019)