Me desperté, repentinamente, cargado de malos sueños. Miro por la ventana, apenas clareaba. El primer pensamiento es: «buena luz para moverse entre los bosques». No puedo volver a dormirme. Miro la hora, cinco y cincuenta. Me percato de algo más: hoy es primero de septiembre. Si los lugares tienen memoria, y las fechas también, entonces esta es una madrugada terrible. 

(Köln, septiembre de 2003)