Mi hijo, con su curiosidad habitual, me pide que le cuente la historia. Se la cuento. Al terminar, me pregunta:  
– ¿De verdad salía una voz de la montaña? 
–Así es como está escrito. 
Se queda pensativo, imaginando la escena. Tras un largo silencio, entre cucharada y cucharada de su yogurt, pregunta, detectivesco: 
– ¿Una voz fuerte, truenos y relámpagos?  
–Es lo que dicen.  
– A mí me parece que no puede ser. ¿Y tú qué piensas? 
– Cuando tenía tu edad estaba convencido que sí. Ahora tengo mis dudas… 
– ¿De verdad creías que sí? –mirando decepcionado a su padre.   
– Pues sí. Mira, el abuelo Salomón, si le preguntas, también cree que había una voz, truenos y relámpagos.  
Nathan se ríe… y, dos cucharitas más tarde, afirma socarrón:   
– Bueno, sí, claro.  
– Creo que tus primos piensan que no.  
– Es que los niños no creemos en esas cosas.  

(Shavuot, junio 2020)