#106

Plusvalía. Nathan me pide unas monedas. «Cinco» dice. Abro mi billetera, elijo cinco y se las entrego. Las observa un instante, y enojado, las arroja al suelo. Me mira serio, indignado, decepcionado. «¿Qué pasa hijo? ¿Por qué tiras las monedas? ¿Acaso no me pediste que te de cinco?», pregunto inocentón. «No está bien papá. No está bien». «¿Qué no está bien?» vuelvo a preguntar. «¿No lo ves? ¡Me has dado las más pequeñas, eso no está bien, papá!» remata, engañado y sorprendido ante la tacañería de su padre. «Tienes razón» contesto avergonzado. Y le entrego otras más grandes.

(abril de 2018)

#105

«Los medios están al servicio del poder económico o de noticias frikies. Entonces, cuándo te reseñan» –pregunta J. como si fuese un acertijo–, «¿a qué grupo crees que  perteneces?». « A los frikies, seguramente», contesto sin siquiera pensarlo, antes de darle un sorbo a mi enésimo café de la tarde.

(febrero 2019)

 

#104

El profesional de la memoria. Convertido en una reconocida autoridad en la materia, va pavoneándose por los pasillos institucionales reclamando una representación que nadie le ha dado: los asesinados no pueden votar. Cobarde como es, de haber convivido con ellos, hubiera mirado para otro lado (lo imagino acomodándose con los mandamases de turno, arrellanado en el sillón de un trabajo bien remunerado, burocrático y gris). Hoy se erige en portavoz de quienes no tienen voz. Es tal el desamparo de las víctimas, que hasta les roban su representación.

(agosto 2016)