#56

Hay un viaje que realicé hace muchos años. Había decidido no fotografiar. No recuerdo cuál fue.

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#50

Hermosa luz de mañana. Hacía tiempo que no me permitía perderme por la ciudad a horas tan tempranas. Observando una calle que siempre me agradó, disfrutando de las fachadas de sus edificios, descubro tres fincas reconvertidas en apartamentos turísticos. Observo detenidamente alrededor y constato, una vez más, ya con resignación, ya con tristeza, como, paso a paso, como un proceso inexorable, los lugares más bonitos de la ciudad están siendo ocupados por negocios para turistas: apartamentos, colmados, comida rápida, souvenirs. Me viene a la memoria la historia de C., cuándo tras muchos años de conocernos, una noche de borrachera, se ensombrece, y después de un silencio largo, sin previo aviso, me comienza a relatar las vicisitudes de una infancia en un pequeño apartamento en La Havana, dónde vivía con su madre, su abuela y sus hermanos. Para sobrevivir recurrían a una cartera de prostitutas de confianza a quiénes le subarrendaban, por servicio, su cuarto de dormir. Lo despertaban a cualquier hora en función de la demanda. Recuerda C. siempre la misma escena: recién despertado, apenas consciente, una mujer pintarrajeada y el americano o europeo de turno tras ella. Él sacado a medianoche de su cama caliente para ir a ocupar su lugar en el sofá, arrastrando su sábana, en espera de que la transacción llegase a su fin. De vez en cuando, cuenta con una media sonrisa dónde se adivina el peso de la humillación, la prostituta de turno se compadecía de él y le hacía un “servicio”. Me viene a la memoria esta historia, olvidada ya, al pensar cómo la crisis nos fue haciendo ceder espacios de dignidad y como nuestra ciudad, nuestra tan amada ciudad, va entregando sus mejores zonas a una orgía turística descontrolada que al final nos dejará con una caricatura de lo que era.
[ febrero 2015 ]

Lugares

Hay lugares que de tanto contarse a ellos mismos lo especiales que son terminan por creérselo. Seguramente en un principio era así… enclaves entre dos aguas, lugar de encuentro, mestizaje, búsqueda… con el tiempo, reconocidos como tales, comienzan a explotar su talento… pasado un tiempo, se convierten en sombra de lo que fueron. Viven en función de sus glorias del pasado. Uno se adentra en sus pasillos sin vida buscando el perfume de lo que fue. Pero allí no hay nada. Dejó de existir en un momento sin que nadie se percatase. Si acaso, se fugó a dónde todavía no lo hayan descubierto, como copia más genuina, nueva, necesaria. Mientras que sobre los suelos de lo antiguo, el turista juguetón, cree sentirse dentro de una historia de hadas, cuándo en realidad, no está más que en un escenario dónde el alma ya hace años ha expirado. Es un muerto, un cuerpo conectado a mecanismos externos que nos hacen creer que todavía vive.
[ Barcelona, agosto de 2014 ]

El trauma

Es tan grande el trauma, el crimen, la herida, que damos vuelta el rostro, intentamos olvidar. Para no ver, para no pensar, para no saber.  La mismas conmemoraciones anuales son fechas de guardar que no ayudan a la comprensión del fenómeno. Es muy difícil vivir con la certidumbre de que esto fue y es posible. Los días se suceden, el azul del cielo baña nuestros rostros, el sol se hace fuerte, optamos por la sonrisa y por la alegría. Es natural. Es también saludable. Y sin embargo, “esto” está aquí. Como un pozo, como un interrogante, como un signo de exclamación, como un letrero de aviso, como un aviso de incendio…

[ Terezin, julio de 2012 ]

Lowcost

Viajar en Easyjet y pagar por tener entrada preferente es para idiotas, pienso, mientras observo a ejecutivos de medio pelo orgullosos por ser los primeros en embarcar. Minutos después, mi circunstancial compañero de vuelo, arquitecto americano, me preguntaría, como si yo fuera un experto en organización aérea, porqué los asientos no están asignados de antemano. No lo entiende. Todo esto le parece un caos. Viene de un mundo ordenado. Puede que sea un caos para el personal, le respondo, pero no para la empresa. Miro de reojo, un libro abierto descansa sobre sus rodillas. Incorporo su título antes de siquiera entenderlo: “Infancia en Berlín hacia 1900”. Él capta mi mirada. ¿Lo conoces?, pregunta. Sí, sonrío, cómplice, como si un desconocido me estuvieran mostrando la fotografía de un familiar querido. No entiendo mucho qué quiere de mi, me dice sincero, señalando el libro. Contesto: si tu no tienes asiento asignado, la gente, convertida en manada, sube a los empujones y codazos para situarse primero. O el caos, o pagas un sobreprecio para subir ordenadamente y sentirte privilegiado, diferente de la masa, del resto. Y esto mismo sucede con las maletas, el equipaje de mano, las bebidas, el bocadillo y todos aquellos servicios que antes venían asociados de forma natural al concepto de volar. Y en tierra, previo al embarque, en algunas compañías se pasea una azafata con cara de kapo y una caja de cartón hueca que va midiendo tu equipaje de mano. Tu rezas: por favor que el mío este dentro de los parámetros permitidos. Te entra el pánico. El terror. Solo deseas que la caja engulla tu equipaje, que no se quede fuera. Sabes que van a por ti. El que se salga de la fila, paga. Ese es el negocio. Tratarte mal, para que al final quieras comprar un “tratamiento especial”, un “tratamiento extra” que te diferencie de la gran masa de viajeros. Todas estas prácticas podrían enmarcarse dentro de lo que denominaríamos “figuras de ensayo general” y así, paso a paso, te van sacando lo que era tuyo, para cobrártelo luego, una vez más. En España, por ejemplo, cada vez más se pueden ver spots publicitarios sobre seguros médicos. Te bombardean con noticias sobre los recortes en la sanidad pública, te cuentan sobre personas que fallecen antes de acceder a una intervención quirúrgica, sobre cierres de hospitales, etcétera, y paralelamente, crece la publicidad sobre los seguros médicos privados: empresas  “que están cerca de los tuyos” y “que te cuidarán en el momento más importante” (muchas de ellas, a más hipocresía, asociadas a los bancos…). Todo es parte de la misma estrategia. Sin embargo, si no daríamos alas al sistema participando en él, estos vuelos, por ejemplo, no tendrían razón de ser. ¿No es así? Pero claro, ¿queríamos volar barato, no? ¿nos llenamos la boca con eso de la “democratización” del turismo? Pues aquí lo tenemos… pero eso sí, si ya eliges viajar en una compañía lowcost, cómo mínimo, no seas tan idiota de pagar por tener acceso preferente… no les des ese gusto…

Coincidiendo con el final de la inesperada perorata, el avión inicia su carrera, levanta vuelo, y enfila recto hacia la costa Mediterránea.

Mi compañero de viaje cierra su libro, y permanece largos minutos mirando por la ventanilla… momentos después, se gira hacia mi, y me reprocha, triunfante: entiendo por dónde vas, por otro lado, si Walter Benjamin escribió este libro en los años treinta, ¿cómo podía predecir los vuelos lowcost…?

De placas conmemorativas y crímenes históricos

En la fachada de un ayuntamiento de una pequeña ciudad centroeuropea encontramos la siguiente placa conmemorativa: “en memoria de los crímenes cometidos por los regímenes comunistas a nuestros ciudadanos [1945-1989]”. Me quedo mirándola y trato de imaginar una placa similar, en unos años, que rece: “en conmemoración de las miles de víctimas del capitalismo salvaje [1989-20¿?]”.

nota aclaratoria: no pongo al mismo nivel los crímenes de la dictadura comunista con la democracia. Lejos estoy de una postmodernidad que tantos males nos ha traído. Pero nuestro sistema democrático ha dejado hace tiempo de estar al servicio del ciudadano para convertirse en coartada criminal de los intereses económicos del momento. ¿Cómo explicar sino el desahucio de 350,000 familias, y tan solo en España? ¿O la condena al paro de más del 25% de la población activa del país? ¿Imaginemos el “transfer” de 350,000 familias por la fuerza? ¿No se podría considerar, en un futuro, bajo el prisma de una sociedad que evolucione hacia una forma de gobierno al servicio honesto de la población, como un crimen de lesa humanidad? Miremos a Grecia, por ejemplo, y veamos los desmanes que se están haciendo en nombre de esa supuesta democracia, que no deja de ser una sigla vacía de contenido, en la medida en que la ciudadanía, y sus verdaderos representantes, no logren subyugar los intereses particulares de algunos y sus colaboradores, al interés general de la sociedad. Todo el resto, no son más que habladurías retóricas vacías de todo sentido. Democracia, por supuesto, sí. Pero exige su refundación, devolverle su sentido.