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Tras el encuentro con P., escribo: «Instruido, con buenas intuiciones, pero poco prolijo en sus conclusiones. No se esfuerza lo suficiente. No lleva sus ideas hasta el final. Se queda a medio camino. Pereza mental…»

(junio 2018)

Los gritos

«Lo que olvido de los niños es el jaleo incesante que arman, en una palabra, gritan. Gritar no es simplemente hablar desgañitándose, no es un medio de comunicación absoluto, sino una manera de ahogar la voz de nuestros rivales. Es una forma de agresividad. Una de las más puras que existen. Fácil de practicar y enormemente eficaz. Puede que un niño de cuatro años no sea tan fuerte como un adulto pero, desde luego, es más ruidoso. Una de las primeras cosas que deberíamos aprender en el proceso de convertirnos en seres civilizados: no gritar».

Diario de un mal año, J. M. Coetzee.

#111

Una y otra vez constato, con estupor, el fenómeno: el espacio público se convierte en un lugar peligroso, se instala el miedo, la desconfianza. Las personas, encerradas en sus pantallitas y sus auriculares, temen. El «otro» es un depredador potencial (terrorista, carterista, violador, portador de un virus, captador). Pedir fuego, preguntar la hora, saber cómo llegar a algún lugar… la gente pierde la costumbre del contacto, da un paso atrás, se asusta, prevalece la desconfianza.

#110

En mitad de la algarabía, me encuentro con M. Nos saludamos cálidamente. Haciendo un ademán que parecería abarcar toda la plaza, se interesa por mi opinión. Le contesto que no sé, que me lo estoy rumiando. Tener una actitud de observación ecuánime en un mundo dónde todo se consume con la rapidez de un tweet, es una forma de mantener la cordura.  

(octubre 2017)

#109

Normalització Lingüística. «¿Sabes, papá? A mí me gustan los castellers. Castells son castillos, en castellano. Los castellers hacen castillos. Castells, en català. Por eso se llaman castellers. ¿Sabías eso, papá?»

(diciembre 2018)