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Por la mañana, apenas levantado, le cuento a Caroline mi sueño: nuestra amiga Martha, por carambolas de la política, se había erigido en presidenta de Francia.  

–De haber sabido bien francés –digo con resignación– seguro me hubiera hecho ministro. 

–¡Qué divertido!­ –profiere ella impaciente. 

–¿Qué pasa? ­–contesto molesto– ¿Acaso está mal ser ministro? 

–¿Es eso todo lo que aspiras a ser? –suelta mientras cruza apresurada la puerta del cuarto para atender al niño que se acaba de despertar. 

–Bueno –digo avergonzado–, es también un curro, ¿no? 

(enero 2019) 

126

Me invitan a ver un film documental. Imágenes de archivo: juicio a Eichmann. La cámara se centra en él: sus muecas, su desacuerdo con el fiscal, sus exabruptos tras el cristal… Oímos su voz, eternizada gracias a los medios de grabación. Hay algo abyecto en ese recurrir una y otra vez a la voz del criminal, en ese darle vida cada vez que se le rescata de la oscuridad del archivo. ¿De dónde proviene ese regodeo nauseabundo de observar al genocida? ¿Por qué esa reiteración? ¿Por qué darle la oportunidad de volver a vivir? Un verdadero acto de justicia histórica: no dar (más) voz a los Eichmann y sus secuaces. 

(junio 2013) 

Tiempo

«En el reverso de una caja de cerillas que compré el otro día aparece este chiste. “¿Qué es el tiempo? Lo que hay entre una paga y la siguiente”. Así de mísera es la conciencia que infunde el capitalismo a quienes viven bajo su dominio.» 

Un pintor de hoy, John Berger. 

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Sábado mediodía. Café con leche. Tolstoi y «Sonata a Kreuzer». Un padre y dos hijos. El hombre parlotea y fuma orgullosamente un habano mientras ellos observan, entre hastiados y aburridos, el discurrir de un discurso mil veces repetido, ritualizado, obsesivo. El padre continúa, no se percata de la apatía de sus hijos. Cuenta hazañas dudosas de soldado, un pasado glorioso en la mili. Alza las manos a manera de rifle automático, y dispara, pum pum pum… los niños, al sentirse observados, sonríen, disculpándose… 

(junio 2010)