#110

En mitad de la algarabía, me encuentro con M. Nos saludamos cálidamente. Haciendo un ademán que parecería abarcar toda la plaza, se interesa por mi opinión. Le contesto que no sé, que me lo estoy rumiando. Tener una actitud de observación ecuánime en un mundo dónde todo se consume con la rapidez de un tweet, es una forma de mantener la cordura.  

(octubre 2017)

#97

Ola de frío. Una pausa en la escritura. Salgo a la calle. Marco, cuyo nombre todavía no conocía, me interpela. ¿Me conoces?, pregunta. Sí, respondo, te veo por aquí desde hace un par de años. Tres y medio, rectifica. Pues tres y medio, corrijo. Me cuenta que trabajaba montando escenarios, que se quedó sin trabajo, que no duerme de noche, que prefiere hacerlo de día. Me explica que por la noches, si te quedas dormido en la calle, el asunto puede tornarse peligroso. Robos, asaltos sexuales. No parece tener amigos entre los “sin techo”. Confiesa que no recibe ayudas de las instituciones, ni de las oneges que se ocupan de este tipo de situaciones. Lo ha intentado. Pero no está lo suficientemente necesitado para ser beneficiario de ayuda. No es alcohólico, ni drogadicto, ni loco. Bueno, confiesa, un poco loco sí, pero no demasiado, no constituye un peligro para nadie. Al final, me solicita un “préstamo”. Se lo doy. Me asegura que me lo devolverá en un par de días…

(enero 2017)

#93

Siempre la misma sospecha: que el peligro se agazapa inmediatamente tras la lengua, dispuesto a encaramarse, vistiéndose de las formas más diversas… Una conversación alrededor de una mesa… Está a punto de salir. El monstruo asoma la lengua, bífida, apenas un instante, un guiño imperceptible. Vuelve a esconderse. El resto de la velada parecería transcurrir con normalidad, pero es tan solo una ilusión. Quiénes vimos aquella lengua lo sabemos. Y ya nada podrá ser como antes.

#84

Los que triunfan son aquellos que tienen los objetivos claros. Tan claros, que resultan monográficos, monolíticos, únicos. Son como programas de ordenador: toda realidad pasa por el prisma de la necesidad, del objetivo. Admiro su tenacidad, pero me resultan aburridos.

#79

La relación entre el selfie y el autorretrato. El autorretrato es una construcción del yo (la máscara o la esencia, o ambas), con un arraigo profundo en la tradición artística. El selfie es un mero “yo estoy aquí”. Una simple autoafirmación sin construcción alguna. Antes era el “¿por favor me saca una foto?”, y en la actualidad ni siquiera eso (basta con un bastoncillo desplegable), desechándose así la colaboración del otro (su mirada). El selfie es una mera glorificación del yoyismo. Es todo lo contrario al autorretrato. No hay reflexión. En el autorretrato, sí.

#77

Ella dice: “la familia no se elige, te la imponen. Los amigos sí”. Pienso en las noches de desvelo, las horas dedicadas al pequeño, y no puedo evitar cierta angustia…