#66

Uno se va replegando. Retirándose de sus barrios preferidos, de sus plazas favoritas, de sus cafés habituales. Evita lugares. El turismo y el mal gusto lo invade todo. Barcelona va perdiendo, a pasos acelerados, espacios que la caracterizaban. Empobrecimiento visual y cultural; lo que ayer era una galería de arte, hoy es una tienda de chanclas playeras. Permanecer en casa para evitar disgustos.

#50

Hermosa luz de mañana. Hacía tiempo que no me permitía perderme por la ciudad a horas tan tempranas. Observando una calle que siempre me agradó, disfrutando de las fachadas de sus edificios, descubro tres fincas reconvertidas en apartamentos turísticos. Observo detenidamente alrededor y constato, una vez más, ya con resignación, ya con tristeza, como, paso a paso, como un proceso inexorable, los lugares más bonitos de la ciudad están siendo ocupados por negocios para turistas: apartamentos, colmados, comida rápida, souvenirs. Me viene a la memoria la historia de C., cuándo tras muchos años de conocernos, una noche de borrachera, se ensombrece, y después de un silencio largo, sin previo aviso, me comienza a relatar las vicisitudes de una infancia en un pequeño apartamento en La Havana, dónde vivía con su madre, su abuela y sus hermanos. Para sobrevivir recurrían a una cartera de prostitutas de confianza a quiénes le subarrendaban, por servicio, su cuarto de dormir. Lo despertaban a cualquier hora en función de la demanda. Recuerda C. siempre la misma escena: recién despertado, apenas consciente, una mujer pintarrajeada y el americano o europeo de turno tras ella. Él sacado a medianoche de su cama caliente para ir a ocupar su lugar en el sofá, arrastrando su sábana, en espera de que la transacción llegase a su fin. De vez en cuando, cuenta con una media sonrisa dónde se adivina el peso de la humillación, la prostituta de turno se compadecía de él y le hacía un “servicio”. Me viene a la memoria esta historia, olvidada ya, al pensar cómo la crisis nos fue haciendo ceder espacios de dignidad y como nuestra ciudad, nuestra tan amada ciudad, va entregando sus mejores zonas a una orgía turística descontrolada que al final nos dejará con una caricatura de lo que era.
[ febrero 2015 ]

Demasiado obvio…

 

El problema de la vivienda. Se habla mucho de esto últimamente. Cortinas de humo para tenernos cogidos por dónde haga falta. Es una necesidad básica, y nadie puede renunciar a ella. La gente se endeuda, para tener un techo.
Hace unos días bajaba del metro en Parallel. Línea lila. Cogí una libreta y me dispuse a tomar nota de todos aquellos nuevos establecimientos que han surgido en Nou de la Rambla. Sin ser éste un estudio riguroso, y sin siquiera pretender convertirlo en un estado de la cuestión general, podría darnos algunas pistas de lo que sucede…
De mayor a menor la lista quedaría así: 10 negocios de comida rápida oriental (falafel, etc.); 8 colmados (estos tipo “domingo y fiestas abierto”); 4 fincas enteras reconvertidas en “flat per day” (60 pisos menos en el parque de alquiler); 3 “call centers”; 3 negocios de souvenirs (todos con la misma mercancía), 1 hotel nuevo de cuatro estrellas (20 pisos menos en el parque de alquiler)…
Ciñéndonos sólo a lo que esta sucediendo en esta calle vemos que el tan mentado problema en realidad no existe, sino que se trataría de una pésima gestión, que postula el turismo por encima del ciudadano. Tras diez años en este mismo barrio, ya no reconozco mi calle. Los negocios se cierran y en su lugar, como si de hongos después de la lluvia se tratase, los escaparates se llenan de camisetas del Barça y horrendas luces de neón blanca que enceguecen al paseante. Se hecha gente de sus pisos, se rehabilitan y se abren hoteles… y todo gira como una noria aburrida alrededor del mismo motivo. Ayer mismo, note que habían abierto dos negocios de souvenirs nuevos y un colmado bajo las mismas narices del Ayuntamiento, a cinco metros de la Plaça St. Jaume. Dónde antes había un bonito café de esquina, ahora veo camisetas deportivas y enfrente, un nuevo colmado con una horrible luminosidad.
La ciudad, poco a poco, irá perdiendo su autenticidad, los residentes de siempre se irán, y vendrán turistas, muchos turistas, y se necesitarán más colmados, y más call centers, y menos hospitales, menos pensiones, menos gasto en educación, poca cultura… y lo que era el mejor reclamo de esta ciudad, se irá perdiendo. Y al final, quedarán solo el alcalde y sus nuevos negocitos… y el turismo, será, cada vez más eso: masas informes de personas que enriquecen a unos pocos sobre el esfuerzo de otros muchos.
Nos queda una esperanza, tal como dice D., el cartero, recordarles a los de St. Jaume que los turistas no votan, pero nosotros sí.

Noticias de Provincias (I)

Hemos pasado el tema “Feria de Frankfurt” para instalarse ahora el “rodaje de Woody Allen”. Allen como director me parece una leyenda viva. Pero la divinización me da asco. En cualquiera de sus formas y maneras. De juzgar por lo que estoy viendo en Barcelona, resta puntos. No debería ser ajeno a la manipulación política y económica del asunto. Tufillo rancio. Millón y medio de euros del erario público, y filmas aquí. Los responsables de la producción, son los mismos que se enriquecieron con el otro fiasco titulado el Forum de las Culturas. El mismo evento en el que un empresario aportó dinero, y al final todas las compañías participantes se alojaron en su cadena de hoteles recién estrenados.
Dicen los políticos responsables que el rodaje de Allen sirve para proyectar la imagen de Barcelona. Evidente: vaciamos las Ramblas y las mostramos con flores y pajaritos, exactamente lo que fue y lo que ya no es, para engaño de incautos turistas cultos.
¿Por qué no mostrar las Ramblas tal como son en estas fechas? Un vertedero humano de turistas y latas de cerveza, repleta a cualquier hora del día o de la noche, fuente de ruidos, dónde ya no cabe nadie más…
El “cuento” de la proyección internacional de la ciudad sigue siendo lo mismo de siempre: una productora que se subvenciona a cuenta del erario público, unos políticos que ridículamente se sacan fotos, y unos hoteleros que se llenan los bolsillos. Nosotros, lo que pagamos de verdad, contenemos el enojo ante tal desfachatez, llegados al punto de asistir al robo ni siquiera disimulado, puesto qué dónde se caen túneles y no hay culpables, cualquier cosa se puede.

(hoy un periódico gratuito traía la noticia de que en China habían ejecutado un ministro por aceptar sobornos… son un poco brutos estos chinos, pero hay cosas que parecerían tener bien claras. Aquí nos quedaríamos sin clase dirigente, creo)