#90

Años atrás…

Estaba en diálogo con un productor para un proyecto que quería realizar. Un día me llama, apremiante. Me pregunta si tengo carnet de partido. ¿Carnet de partido yo?¿No me conoce acaso? ¿Yo con carnet de partido?, pienso sorprendido ante la pregunta idiota del producer.

Opto por la ironía: “¡El que quieras! ¿Cuál necesitas? ¿de qué partido? ¡Voy ahora mismo y me lo hago…!”. “David, no es una broma”, se justifica avergonzado, “¿tienes o no tienes?, porque yo no tengo”.

El proyecto no salió…

 

 

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#53

El cine agotado. No me extraña que esa clase de cine sea festejado por la prensa especializada. Representa la cultura europea contemporánea. Son films que nacen agotados, cansados. Confunden el plano secuencia con la revolución. Confunden un trío bisexual con la subversión de los géneros. No son más que chapuzas ideológicas, algo así como filmar la lluvia y no mojarse. Filman al necesitado desde el lugar de quién duerme en un hotel de cinco estrellas. Abordan al otro con la mirada del colonizador que observa al indígena. Están demasiado cómodos. Están demasiado bien asentados. Sus amigos controlan la crítica, la academia, los festivales, y poco a poco se genera un discurso alrededor de un cine que es totalmente irrelevante. No solo para la cultura, sino para las necesidades sociales que dicen ponderar. Y es allí dónde se produce ese abismo entre la “crítica especializada” y el público. Pensar que el público es idiota es tan soberbio como idiota es pensar que una película debe ser amada por todos los públicos. Pensar que el público es idiota, y hacer cine con dinero público es, sencillamente, una hipocresía…

#27

Entre las personas que defienden el derecho a la cultura libre, es difícil encontrar, salvo contadas excepciones, gente que viva de la creación artística. En general estas posiciones están defendidas por gente que si se dedica a algo artístico tiene otro tipo de ingresos; o por gente que, su razón de ser o de existencia, es la explotación de otros que hacen arte.

#23

Con el crowfunding pasa lo mismo que con la sanidad pública. Echamos campanas al viento a favor de un sistema que en realidad lo que hace es que paguemos dos veces. Una con nuestros impuestos, y dos con nuestras aportaciones privadas…
El crowfunding además se demuestra como la gran demagogia del momento. Y prestar atención en quiénes lo festejan: instituciones culturales, ministerios, medios periodísticos… nadie, en su sano juicio, cree que se pueda recaudar, de verdad, el coste real de un film, por medio del crowfunding.
El crowfunding en si mismo, como plataforma de pre-venta o de promoción, puede ser una herramienta interesante, pero jamás debería ocupar el lugar del grueso de la financiación de una producción.
Los mismos creadores que enarbolan estas banderas no ven en su quehacer más que un hobby. No un medio de vida, ni una profesión, ni un oficio.
Y además, seguimos con el jueguito de “el público vota”, ese gran tiranía de la dedocracia.
Si el pasado hubiera dependido de estos conceptos, no existiría nada de lo que hoy conocemos como cultura occidental. Lo interesante es ver personajes que, de manera despampanante, se autoproclaman de izquierdas y en la misma frase a favor de estas perogrulladas que nos están vaciando de contenidos (cultura libre, etc.).