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Me invitan a ver un film documental. Imágenes de archivo: juicio a Eichmann. La cámara se centra en él: sus muecas, su desacuerdo con el fiscal, sus exabruptos tras el cristal… Oímos su voz, eternizada gracias a los medios de grabación. Hay algo abyecto en ese recurrir una y otra vez a la voz del criminal, en ese darle vida cada vez que se le rescata de la oscuridad del archivo. ¿De dónde proviene ese regodeo nauseabundo de observar al genocida? ¿Por qué esa reiteración? ¿Por qué darle la oportunidad de volver a vivir? Un verdadero acto de justicia histórica: no dar (más) voz a los Eichmann y sus secuaces. 

(junio 2013) 

#113

Existe también en el medio del cine documental clientelismo, endogamia, tráfico de intereses. Uno quisiera creer que ese tipo de conductas no deberían existir aquí, que nuestro medio debería estar exento de esas miserias. Y sin embargo, allí están. Negro sobre blanco. Los mismos nombres, suenan y resuenan. Menganito, profesor de un máster, se convierte luego en director de un festival, dónde casualmente el crítico Juanito ensalza a Fulanito, un cineasta que no es ni más ni menos que el alumno del primero, mientras que Juanito, el mencionado crítico, es –no lo olvidemos– buen amigo y profesor en el máster de Menganito…

Y así las cosas van girando en una rueda eterna a manera de tiovivo dónde las figuras pasan y pasan repitiéndose hasta el hartazgo, mientras se reparten palmaditas en el hombro, tan contentos todos de conocerse. Un coto cerrado en el cual quién no acepte las directrices del sumo sacerdote de turno no puede entrar, y menos, beneficiarse. Y para ejemplo y escarmiento de los descarriados, el ostracismo. De no ser así, el corolario sería sencillo: no serían necesarios ni sumos sacerdotes, ni dogmas, ni religiones para hacer cine. Y esta certeza, de hacerse obvia, terminaría por poner patas arriba todo el negocio (másters, festivales, revistas críticas).  

(mayo 2014)

#99

Nota como epígrafe de un film: “esta película no fue aceptada en ningún festival. Si usted la está visionando seguramente se debe a una equivocación”.

#95

Años atrás, conocí a F. Tenía una manera muy particular de clasificar el cine documental. Tras su visionado, su primer veredicto era dilucidar si había hambre o no en el film. Era un poco radical a veces, pero todo lo que él había logrado, lo había hecho con hambre. Hablando de este o aquel director de moda, solía decir: «¿no ves que en su cine no hay hambre, no hay urgencia, no hay verdadera necesidad?». A veces pienso que habría que encontrar una nueva manera de clasificación. Una definición material de la obra, en relación con la realidad de su autor, y con la propuesta… si no hay hambre, puede que haya artificio.

 

#90

Años atrás…

Estaba en diálogo con un productor para un proyecto que quería realizar. Un día me llama, apremiante. Me pregunta si tengo carnet de partido. ¿Carnet de partido yo?¿No me conoce acaso? ¿Yo con carnet de partido?, pienso sorprendido ante la pregunta idiota del producer.

Opto por la ironía: “¡El que quieras! ¿Cuál necesitas? ¿de qué partido? ¡Voy ahora mismo y me lo hago…!”. “David, no es una broma”, se justifica avergonzado, “¿tienes o no tienes?, porque yo no tengo”.

El proyecto no salió…