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Me metí con lo más terrible, lo más difícil. Las pesadillas invaden mis noches. Hay días que tengo imperativos deseos de detenerme. Me pregunto si tengo derecho siquiera a desenterrar a los muertos… Sé que no soy dueño de esta historia. No soy yo el que decido ni el que elige. Pero tengo el deber de insinuar lo que sé… 

(agosto 2004)

Crónicas e historias

«Es sumamente raro que los hombres cuenten una cosa simplemente como ha sucedido, sin mezclar al relato nada de su propio juicio. Más aún, cuando ven u oyen algo nuevo, si no tienen sumo cuidado con sus opiniones previas, estarán más de las veces, tan condicionados por ellas que percibirán algo absolutamente distinto de lo que ven u oyen que ha sucedido; particularmente si lo sucedido supera la capacidad de quien las cuenta u oye, y sobre todo si le interesa que el hecho suceda de determinada forma. De ahí resulta que los hombres, en sus crónicas e historias, cuentan más bien sus opiniones que las cosas realmente sucedidas; que uno y mismo caso es relatado de modo tan diferente por dos hombres de distinta opinión, que parece tratarse de dos casos; y que, finalmente, no es demasiado difícil muchas veces averiguar las opiniones del cronista y del historiador por sus simples relatos».

Tratado Teológico-político, Baruch Spinoza. 

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Me invitan a ver un film documental. Imágenes de archivo: juicio a Eichmann. La cámara se centra en él: sus muecas, su desacuerdo con el fiscal, sus exabruptos tras el cristal… Oímos su voz, eternizada gracias a los medios de grabación. Hay algo abyecto en ese recurrir una y otra vez a la voz del criminal, en ese darle vida cada vez que se le rescata de la oscuridad del archivo. ¿De dónde proviene ese regodeo nauseabundo de observar al genocida? ¿Por qué esa reiteración? ¿Por qué darle la oportunidad de volver a vivir? Un verdadero acto de justicia histórica: no dar (más) voz a los Eichmann y sus secuaces. 

(junio 2013) 

#113

Existe también en el medio del cine documental clientelismo, endogamia, tráfico de intereses. Uno quisiera creer que ese tipo de conductas no deberían existir aquí, que nuestro medio debería estar exento de esas miserias. Y sin embargo, allí están. Negro sobre blanco. Los mismos nombres, suenan y resuenan. Menganito, profesor de un máster, se convierte luego en director de un festival, dónde casualmente el crítico Juanito ensalza a Fulanito, un cineasta que no es ni más ni menos que el alumno del primero, mientras que Juanito, el mencionado crítico, es –no lo olvidemos– buen amigo y profesor en el máster de Menganito…

Y así las cosas van girando en una rueda eterna a manera de tiovivo dónde las figuras pasan y pasan repitiéndose hasta el hartazgo, mientras se reparten palmaditas en el hombro, tan contentos todos de conocerse. Un coto cerrado en el cual quién no acepte las directrices del sumo sacerdote de turno no puede entrar, y menos, beneficiarse. Y para ejemplo y escarmiento de los descarriados, el ostracismo. De no ser así, el corolario sería sencillo: no serían necesarios ni sumos sacerdotes, ni dogmas, ni religiones para hacer cine. Y esta certeza, de hacerse obvia, terminaría por poner patas arriba todo el negocio (másters, festivales, revistas críticas).  

(mayo 2014)

#99

Nota como epígrafe de un film: “esta película no fue aceptada en ningún festival. Si usted la está visionando seguramente se debe a una equivocación”.

#95

Años atrás, conocí a F. Tenía una manera muy particular de clasificar el cine documental. Tras su visionado, su primer veredicto era dilucidar si había hambre o no en el film. Era un poco radical a veces, pero todo lo que él había logrado, lo había hecho con hambre. Hablando de este o aquel director de moda, solía decir: «¿no ves que en su cine no hay hambre, no hay urgencia, no hay verdadera necesidad?». A veces pienso que habría que encontrar una nueva manera de clasificación. Una definición material de la obra, en relación con la realidad de su autor, y con la propuesta… si no hay hambre, puede que haya artificio.

 

#90

Años atrás…

Estaba en diálogo con un productor para un proyecto que quería realizar. Un día me llama, apremiante. Me pregunta si tengo carnet de partido. ¿Carnet de partido yo?¿No me conoce acaso? ¿Yo con carnet de partido?, pienso sorprendido ante la pregunta idiota del producer.

Opto por la ironía: “¡El que quieras! ¿Cuál necesitas? ¿de qué partido? ¡Voy ahora mismo y me lo hago…!”. “David, no es una broma”, se justifica avergonzado, “¿tienes o no tienes?, porque yo no tengo”.

El proyecto no salió…

#53

El cine agotado. No me extraña que esa clase de cine sea festejado por la prensa especializada. Representa la cultura europea contemporánea. Son films que nacen agotados, cansados. Confunden el plano secuencia con la revolución. Confunden un trío bisexual con la subversión de los géneros. No son más que chapuzas ideológicas, algo así como filmar la lluvia y no mojarse. Filman al necesitado desde el lugar de quién duerme en un hotel de cinco estrellas. Abordan al otro con la mirada del colonizador que observa al indígena. Están demasiado cómodos. Están demasiado bien asentados. Sus amigos controlan la crítica, la academia, los festivales, y poco a poco se genera un discurso alrededor de un cine que es totalmente irrelevante. No solo para la cultura, sino para las necesidades sociales que dicen ponderar. Y es allí dónde se produce ese abismo entre la “crítica especializada” y el público. Pensar que el público es idiota es tan soberbio como idiota es pensar que una película debe ser amada por todos los públicos. Pensar que el público es idiota, y hacer cine con dinero público es, sencillamente, una hipocresía…

#51

Plantear el interrogante. Bien claro, coherente, sostenido. Y sustraerlo de la obra… eso es lo que la hace más intensa, más viva, más misteriosa…

#27

Entre las personas que defienden el derecho a la cultura libre, es difícil encontrar, salvo contadas excepciones, gente que viva de la creación artística. En general estas posiciones están defendidas por gente que si se dedica a algo artístico tiene otro tipo de ingresos; o por gente que, su razón de ser o de existencia, es la explotación de otros que hacen arte.

#23

Con el crowfunding pasa lo mismo que con la sanidad pública. Echamos campanas al viento a favor de un sistema que en realidad lo que hace es que paguemos dos veces. Una con nuestros impuestos, y dos con nuestras aportaciones privadas…
El crowfunding además se demuestra como la gran demagogia del momento. Y prestar atención en quiénes lo festejan: instituciones culturales, ministerios, medios periodísticos… nadie, en su sano juicio, cree que se pueda recaudar, de verdad, el coste real de un film, por medio del crowfunding.
El crowfunding en si mismo, como plataforma de pre-venta o de promoción, puede ser una herramienta interesante, pero jamás debería ocupar el lugar del grueso de la financiación de una producción.
Los mismos creadores que enarbolan estas banderas no ven en su quehacer más que un hobby. No un medio de vida, ni una profesión, ni un oficio.
Y además, seguimos con el jueguito de “el público vota”, ese gran tiranía de la dedocracia.
Si el pasado hubiera dependido de estos conceptos, no existiría nada de lo que hoy conocemos como cultura occidental. Lo interesante es ver personajes que, de manera despampanante, se autoproclaman de izquierdas y en la misma frase a favor de estas perogrulladas que nos están vaciando de contenidos (cultura libre, etc.).