El plano secuencia y la revolución (o notas sobre el documental III)

En la cultura existe un falso progresismo que confunde un aburrido “plano secuencia” con la revolución. Para esta gente, el ser de izquierdas es como una vestimenta, una moda, puro aspaviento. No hay contenido, ni profundidad. Nada. La mayoría de la hoy autodenominada izquierda europea es así. Y peligrosamente reaccionaria. Si estamos dónde estamos ahora, es también gracias a tanta impostura.

[ Barcelona, julio de 2013 ]

El discurso sobre la cosa (o notas sobre el documental II)

Sucede con el cine lo que sucede en todos los ámbitos de nuestra sociedad. Es muchas veces más interesante el discurso sobre la obra, que la obra misma. Más sugestivo lo que dice el autor sobre sus intenciones, que la misma creación al contemplarse. El problema es que luego, eso que estaría fuera de la obra,  el discurso sobre la cosa, contamina la crítica, haciéndonos creer que la obra es aquello que nos dicen que es… y uno no sabe si uno es un tonto que no ve lo que dicen que hay, o todo es producto de una prestidigitación alucinatoria. Y de repente, una voz disonante se atreve a decir aquello que estábamos barruntando: que allí nada de nada, que sí, que la idea es bonita y tal, pero que en la obra, nada. A veces uno se siente tan solo…

[ Barcelona, enero de 2013 ]

Lo inefable

No confundir lo innombrable, lo inimaginable, lo indecible, con la banalidad de la representación. Hay testimonio, hay imagen, hay deber de imaginar. De entender. Nada que haya sido hecho por el hombre puede no ser imaginado o estar fuera de las posibilidades del pensamiento. No hay que convertir la Shoah en una experiencia religiosa (el innombrable, lo inefable, el sin rostro).

[ Terezin, julio de 2012 ]

Derivas de realidad (o notas sobre el documental I)

Hace unos años escribía un post que llevaba por título “Fast Food Documentary Genre”. En él hablaba sobre el fenómeno Michael Moore y los malos efectos que este tenía en las nuevas generaciones de cineastas.

Lo que en su momento consideraba una manifestación pasajera, producto de una situación internacional determinada, parecería, de juzgar por el éxito que están cosechando algunos films de no ficción, haber venido a establecerse en los mejores espíritus europeos.

Las consideraciones recibidas por algunos de estos documentales en tantos solemnes festivales de cine especializados en este género, no hacen más que poner en duda la salud de nuestro tiempo. Es preocupante. Viene a manifestar que la cultura del “me gusta”, la argumentación en “ciento cuarenta caracteres”, y la manipulación sin fundamento se ha erigido en protagonista festejado de nuestra realidad artística.

El problema es que cada vez más vemos este tipo de obras que, poniendo a su disposición todos los elementos del medio cinematográfico, pretenden pasar por verdad lo que en realidad no es más que una pirueta circense divertida.

Como tal es válida, como entretenimiento, se agradece. Pero no debería ser más que eso.

Se necesita algo de modestia en ese intento de aprehender la esencia de las cosas: una mirada que observa, apelando a un espectador partícipe que vaya reconstruyendo lo que ve.

Gran parte del cine documental parecería entrar, a falta de un vocablo mejor, y ya sea a manera de definición provisional, en una especie de “deriva de realidad”. No es ajeno a lo que sucede en nuestra sociedad. La refleja. Pero debería mantener la guardia. Es su deber. Es su estar en el mundo (el arte como bastión, como intento revolucionario, como actitud religiosa, la responsabilidad divina del crear…).

No pongo en duda la legitimidad de este tipo de obras. No es eso. Si bien difiero sustancialmente con su forma, la considero una alternativa posible de entretenimiento.

Lo que preocupa no es eso: sino el aplauso a la falta de rigurosidad, y la renuncia a acceder –aunque esfuerzo utópico– a algún tipo de verdad.

Nuestras obras construyen el mundo, nuestras palabras crean realidad. Y no habría que tomarse esto a la ligera.

[ Barcelona, abril de 2011 ]

Margarethe von Trotta, la ‘judenfrage’ y la banalización de Hannah Arendt

[hace unos meses fui invitado a ver la presentación del film sobre Hannah Arendt en presencia de su directora, Margarethe von Trotta. Salí con una sensación de profunda molestia. Estas son algunas de las notas que cogí tras la proyección, y no pretenden, ni mucho menos, ser una crítica exhaustiva, ni definitiva]

Comenzaré por el final: lo que prometía ser un film interesante y bien llevado sobre un problema filosófico de primer nivel, un ejemplo del tipo de cine que se podía y se debía mimar, terminó descarrillando en un melodrama maniqueo y estereotipado, dónde la heroína, dispuesta a mantener su convicción en su libertad de pensamiento y expresión,  se enfrentaría a fuerzas oscuras y atávicas deseosas de ocultar la verdad.

Es sabido. Cualquier obra de ficción sobre un hecho pasado ilumina más sobre el presente y las motivaciones de su autor, que sobre el pasado que intenta relatar. Este es uno de los aspectos más interesantes del cine, especialmente, porque en él se convocan niveles y lecturas que muchas veces escapan a la misma intencionalidad manifiesta de su director.

Un giro de cámara puede ser casual, dos giros, también, tres, una intención… si a esto le sumamos los comentarios hechos por su creador tras la proyección de su film, podría dar cuenta de una intencionalidad, tal vez perversa –por oculta, por irracional–, justamente por como logra agazaparse tras una inocente apariencia.

Solo un paso faltaba para hablar del “contubernio judeo-nazi-sionista” a quién, la heroína del film, osa poner en evidencia, armada de su cigarrillo y su pluma.

Algunos elementos. El judío como el otro, el “extraño”, la representación del judío y de lo judío: la manera en que organiza los planos exteriores en Israel, el modo en que muestra a los judíos (intransigentes, fanáticos), la forma en que se hace eco del mito del poder ilimitado de los judíos (con Mossad incluido)…

1963. El libro despertó una gran polémica. Hanna Arendt indaga, disecciona, cuestiona y se cuestiona, de manera fría, afilada, sobre los distintos aspectos que dieron lugar a los hechos juzgados, acuñando y desarrollando el concepto, hoy tantas veces citado, de la “banalidad del mal”. Hay que entender (es preciso, es imprescindible) que se trata de una obra escrita a solo dieciocho años de la finalización de la guerra. Todo está muy presente, todo es muy fresco, la herida todavía sangra. Lo que hoy se estudia, se cuestiona, se debate y se sabe, en ese momento todavía permanecía en compartimentos bien cerrados. Y ella, Arendt, tuvo la lucidez de preguntar. Ese es el role del pensador. Esa es la necesidad del pensar…  mi crítica aquí, no va hacia Arendt, sino hacia el film. La falta de contextualización del momento histórico, su matización. Tal vez sea un problema –una limitación– compartido por muchas obras de cine de ficción a la hora de abordar cuestiones de extrema complejidad.

Cuándo Hannah Arendt escribe su ensayo en 1963, mucho de lo que hoy sabemos sobre el asesinato de los judíos europeos se desconocía. Mucha documentación todavía nos era sustraída en archivos bien guardados, en testimonios que todavía no habían hablado. Si bien el concepto de “banalidad del mal” es un elemento a tener en cuenta cuándo se abordan fenómenos históricos como los estudiados, se merece cierta revisión, cierta actualización a la luz de lo que hoy se sabe. Pero esto, evidentemente, se merecería un escrito aparte, ya que desbordaría las intenciones de este texto.

Volvamos al film. El problema de la supuesta “colaboración” judía es una cuestión compleja, por no decir, maniquea. Hanna Arendt asienta de manera precisa, su escabrosidad. Da ejemplos de un tipo y del otro, de un gueto y del otro, de esto y aquello. Explica las circunstancias extremas a las que las víctimas se veían sometidas. Detalla con minuciosidad el proceso de deshumanización. Concluye además diciendo que en aquellos lugares dónde las comunidades estaban menos organizadas la persecución de los judíos fue más difícil de llevar a cabo (lo cual, es de lo más evidente: en aquellos lugares dónde las comunidades no estaban organizadas, no existían ficheros, ni centros de reunión, ni contactos entre los miembros de la comunidad, ni directiva, ni escuelas judías… también esto lo deja ella bien asentado en el libro). En ningún momento Arendt sostiene que los líderes judíos participaron, en connivencia criminal con los nazis, “activa y deliberadamente” en su destrucción[1]. Sin embargo, Von Trotta, decide convertir estas pocas páginas de un ensayo de casi trescientas, en la narrativa central de su film, haciendo hincapié en la parte más escabrosa, y tal vez más revisable, de todo el informe, citando en la película, en más de una ocasión, para que no queden dudas de su intención y no se le escape al espectador, la frase siguiente, descontextualizándola deliberadamente: “la verdad es que si el pueblo judío hubiera carecido de toda organización, y de toda jefatura, se hubiera producido el caos y grandes males hubieran sobrevenido a los judíos, pero el número total de víctimas difícilmente se hubiera elevado a una suma que oscila entre los cuatro millones y medio y los seis millones.”[2]

Para el espectador naif, para el amante de las teorías ‘conspiranoicas’, para el desconocedor de la obra de Arendt, para el aprendiz de revisionista, para quién busca en Israel el principio (y fin) de todos los males del mundo, la película entraba en una espiral reconocible…

De ahí en más, toda la narrativa giraría entre una fuerte/frágil Arendt/personaje/mujer que se opone al poder ilimitado e intransigente de “su pueblo”: los judíos. No se habla de la Shoah, apenas se habla de Eichmann. No, de juzgar por el film, para Trotta, el tema central del informe de Arendt ya no sería el proceso en sí, el juicio a un genocida. No. De repente, todo el film, todo él, gira y se centra, se queda, y planea en ese punto en el espacio, en esa criminalización de la víctima.

Interesante remarcar que lo mismo que Arendt reprocha en sus críticos, es decir, la superficialidad de la lectura de su obra, y el consecuente ataque furibundo por unas páginas mal interpretadas, es el mismo error en el que cae el film: su guión parecería ser el resultado de una lectura de un frívolo artículo del Readers Digest. Es como si Von Trotta no haya comprendido la complejidad del texto de Arendt y se haya quedado con su titular (¿y qué mejor titular para captar la atención del público que la supuesta colaboración judeo-nazi?)… Zeitgeist.

La “cuestión judía”, en el más estricto sentido alemán, atraviesa todo el film. Y si todavía había alguna esperanza de estar equivocado, la cineasta recalcaría, en el coloquio posterior, que su coguionista es una amiga judía (sic). La palabra judía la subrayaría más de una vez, como eximiéndose a sí misma de cualquier responsabilidad que pudiera surgir (si lo escribe un judío…). Además, nos aclara, en Estados Unidos la película tuvo un recibimiento desigual. Amantes y detractores. A la “prensa judía” no le gusto mucho, nos informa la directora.

Fenómeno perverso, dónde la Shoah, se convertiría, una vez más, en un “problema judío”.

[ Barcelona, junio de 2013 ]


[1] Es ridículo, por no decir de una tremenda pereza intelectual, en el mejor de los casos; o crueldad, o mala intención, en el peor, acusar a quién esta amenazado con una  pistola en la sien, de colaboracionista.

[2] Arendt, Hannah. Eichmann en Jerusalén. Un estudio sobre la banalidad del mal. Editorial Lumen, Barcelona, 1967 (trad. Carlos Ribalta), pp. 181-182.

Herz Frank

Un par de meses atrás, me acordaba de Herz Frank. Cosa extraña, ya que no venía a mi memoria desde hacía mucho tiempo. Años, tal vez. La última vez que lo encontré, fue Tel Aviv, en el marco de un festival de cine documental que yo visitaba aprovechando unos días de viaje en la ciudad. Recuerdo que él formaba parte del jurado. Nos saludamos afectuosamente. Se encontraba seguramente feliz, contento, satisfecho. Posiblemente comenzaba a sentirse reconocido. Herz Frank llegó a Israel de la antigua Unión Soviética en el año 1993. Un cineasta con una gran carrera detrás, que pocos o nadie, conocía en su nueva tierra. La primera vez que nos vimos fue en la Filmoteca de Jerusalén, dónde yo trabajaba. No recuerdo el motivo, pero vino a mi despacho. Enseguida me sentí atraído por sus maneras. Hablamos mucho. Nos volveríamos a ver varias veces. En una de ellas, recuerdo, me trajo una cinta VHS, de esas de 180 minutos, grabadas en LP, con muchos de sus films. Uno de ellos, mostraba el nacimiento de un bebé. Los gestos de la madre, el dolor, la pasión, la pareja a su lado. La cabeza del niño que comienza a salir. Es esta imagen la que vino a mi memoria, un domingo de hace un par de meses, a comienzos de marzo, mientras visitaba en el hospital a unos amigos que acababan de ser padres, mientras ella me relataba los pormenores del parto, y él cambiaba diligentemente a su flamante hijo.

Otro de los films que contenía esa cinta, se titulaba “Ten Minutes Older”, que con el tiempo se haría famoso, justamente por un remake dirigido por varios directores de renombre. “Ten minutes older” es un plano secuencia de un grupo de chicos asistiendo a un espectáculo. Lo recordaría muchas veces, cuándo, aprovechando mi trabajo como tour manager de una gira europea de circo durante el año 2001, fotografiaba a los niños-espectadores pendientes del riesgo de los equilibristas.

Recuerdo también la profunda impresión que me dejaría su largometraje documental “There Were Seven Simeons”, que trataba de una familia compuesta por varios hermanos, todos músicos, sobre quiénes él ya había hecho un film anteriormente, y más tarde, ya mayores, habrían estado involucrados en el secuestro de una avión para escapar de la Unión Soviética. Recuerdo las entrevistas, el juicio, el sueño por un futuro mejor…

En la mismo época en que yo me organizaba para partir de Jerusalén rumbo a Barcelona, allí por el año 1997, Herz Frank estaba trabajando en un nuevo documental que rodaría en las proximidades del Muro de los Lamentos.

Recuerdo como en uno de esos últimos encuentros antes de partir, me regaló una foto tomada para la investigación de su film. De un lado, a pié de foto, firmada con letras latinas; al reverso, con el orgullo de la adquisición de la nueva lengua, la dedicatoria en hebreo.

Voy en busca de este bonito regalo de despedida. La encuentro, sonriente, entre las hojas de una libreta de apuntes de esos años…

Me gusta pensar que al palparla, rememoro el momento, dando vida, aunque sea un instante, a ese hombre, a ese cineasta que, por esos azares de Internet, me habría de enterar que fallecería, a la edad de 87 años, hace casi dos meses atrás…  apenas un par de días después de recordarlo tan vivamente ese domingo, visitando a mis amigos.

Ruinas Modernas

Hace un par de semanas, se inauguró en Madrid (Museo ICO), y unos días más tarde en Berlín (Architekturforum Aedes), la exposición  “Ruinas Modernas” de Julia Schulz-Dornburg.

Con Julia nos conocimos hace unos meses atrás, por esos caminos de la casualidad (¿o será ya la causalidad?). Me encontraba en esos estadios de limbo, recién habiendo terminando una cosa y todavía sin haber comenzado la siguiente. Buscando aquello que me seduzca lo suficiente como para poder entregarme a su influjo.

Cuándo me contó su proyecto, o mejor dicho, cuándo me comentó de la reciente publicación de su libro homónimo y del tema que allí se abordaba, sentí inmediatamente lo que sentimos los cineastas frente aquello que nos habla directamente: unas ligeras palpitaciones del corazón que nos advierten de la presencia de algo que merece nuestra atención. Siempre, pienso, todos los proyectos verdaderos, realizados o no, comienzan con unas imperceptibles palpitaciones. Un corazón que actuaría a manera de dos ramitas en manos de un Zahorí imaginario (conocí hace unos años a una zahorí que realizaba interesantes experimentos… pero este, ya sería tema para otro film).

Mientras me iba sumergiendo en este nuevo tema, surgió la posibilidad  de hacer unas piezas de vídeo para la exposición. Una experiencia de los más enriquecedora, por cierto, que me permitiría, a mi y a quienes están colaborando conmigo en esta nueva aventura, ir adentrándonos en este nuevo territorio… recurrimos entonces, y únicamente, a materiales promocionales existentes en la red, a manera de found footage, formando distintos grupos de audiovisuales compuestos de diferentes monitores domésticos, a semejanza de souvenirs de un sueño. El sueño de la buenaventura, del tiempo libre, de un tiempo sin sufrimiento dónde el ocio, y poco más, sería la preocupación central de todos los europeos…

Antes de finalizar, quisiera citar, a continuación, el texto que Julia preparó para la exposición, que refleja, fielmente, su trabajo:

“La exposición es fruto de un proceso continuo de investigación que arranca en el 2010 con las primeras indagaciones sobre universos del ocio, ciudades fantasmas y paisajes de lucro. La pieza central del trabajo esta formada por el inventario fotográfico de la construcción especulativa abandonada en España. Se retratan parajes ocupados por conjuntos de edificaciones no completados dentro del territorio nacional. La reciente implantación masiva de enclaves de ocio, complejos turísticos y residenciales de todo tipo, ha transformado amplias regiones de la costa y ha llegado incluso a las provincias interiores. El ocaso prematuro de algunos de estos asentamientos a causa del estallido de la burbuja nos presenta, con imágenes de inquietante belleza, la incongruencia entre la vida corta de la especulación inmobiliaria —abortada por causas técnicas— y sus perdurables secuelas físicas.

El boom inmobiliario creó unas perspectivas de plusvalía ficticias, alimentando una  insaciable ansiedad por despegar que terminó en un desapego absoluto, no sólo del propio territorio, de la tierra, de las costumbres, sino también del sentido crítico y de la razón. Los resultados de estos años locos, aunque grotescos, impresionan por su contundencia y falta de timidez. Son monumentos de alto valor simbólico, porque resumen, de forma elocuente y visible, la compleja trama de complicidad social, política y económica que insiste, como si no hubiese otra opción,  que el único modelo viable para nuestra sociedad es el modelo de crecimiento. A cualquier coste, en cualquier lugar.

La muestra no es un censo de promociones fracasadas y no pretende ser representativo, la colección de los casos presentados responde a una selección personal. De  los lugares visitados a lo largo de los 10.000 km de viaje durante un periodo de dos años, 60 urbanizaciones fueron retratadas e investigadas de las cuales se pueden contemplar unas 35 en estas salas. La información que acompaña el inventario fotográfico procede exclusivamente de las promotoras inmobiliarias, archivos municipales y boletines del Estado.

La especulación inmobiliaria como fenómeno no se puede concebir sin contar con el elemento de la ficción. La simulación de la realidad representa una parte intrínseca del sistema (especular viene del latino specularis/espejo: mirar con atención al reflejo; hacer suposiciones sobre algo hipotético). La exposición  rinde cuenta a esta dualidad y lo incorpora de forma estructural. Realidad y ficción forman un tándem inseparable a lo largo del recorrido expositivo. Los documentos fotográficos están expuestos al lado de su correspondiente  información  promocional, la publicidad se contrasta con los propios datos estadísticos, el lema del complejo se yuxtapone a su currículo vitae oficial y los planos urbanísticos muestran el emprendimiento especulativo en relación al municipio que expide los permisos para ello. Sólo desde esta lectura doble, de la reciprocidad entre la realidad y la ficción, se puede llegar a comprender lo impensable, reconstruir lo inimaginable, constatar el disparate y sacar sus propias conclusiones.”

Estreno "Goya, el secreto de la sombra"

Una película no se estrena todos los días…
El pasado 16 de junio, tuvimos la suerte de estrenar “Goya, el secreto de la sombra” en el Auditorio del Museo Nacional del Prado.
Si hubiera tenido que elegir un lugar mejor para estrenar esta película, me hubiera sido imposible. No podría haber imaginado, pensado, o soñado, con un lugar más apropiado, más afín.  Es como un sueño que comenzó a gestarse a lo largo de los últimos meses. Mi círculo más íntimo sabe cuánto lo deseaba…
Quisiera agradecer al Museo por acoger esta presentación, y permitir este sueño, y también por el apoyo, consejo, y por sus puertas abiertas a lo largo de todo el proceso de investigación y realización de este film.
También quisiera agradecer cálidamente a la Casa de Velázquez. Por la beca, por haber apostado por este proyecto cuándo no eran más que unas páginas, y por haber apoyado y organizado este estreno.
A Televisió de Catalunya, por haber coproducido y con ello, permitido la realidad de este film, nuestra segunda gran aventura compartida, y por su diálogo siempre dispuesto, comprensivo, respetuoso…
A Benecé, por haberse sumado a este sueño, asumiendo riesgos, y estando allí a lo largo del rodaje.
Al ICIC, por su apoyo.
A mis amigos microfirmeros, que gracias a su historia, pude entrar en Goya.
Y a todos vosotros: participantes, amigos, familia, consejeros, por el apoyo durante todos estos años…
Y por último, un recuerdo a mi madre… que no pudo ver este film terminado y a quién le he dedicado esta película y cada una de las alegrías de este estreno…

El ladrón

En Madrid me encuentro con F. Como era de esperar, hablamos de cine, guiones, derechos de autor y, coincidiendo con la votación en el Congreso, de la cobardía de la clase política, que, para sacar un poco más de rédito a sus nefastos intereses, son capaces de votar en contra de cualquier cosa.
Me cuenta que, años atrás, invitada a la cena de unos conocidos –apenas amigos–, el dueño de casa comenzó a defender con vehemencia su derecho a bajarse lo que quisiera por Internet. Ella escuchaba, argumentaba, pero en lugar de entender su frágil realidad, sus interlocutores la tomaban por reaccionaria, vil representante de la Warner.
Al final, y para evitar mayores discusiones, calló.
En el momento de despedirse, coge una pieza de adorno de su anfitrión y se la lleva. El dueño le espeta: “¡¿Pero qué haces?!” A lo que ella responde tranquilamente: “Lo mismo que tu”.
Creo que no se han vuelto a ver.

A la vuelta de Goya


Tras dos días de sueño profundo, reorganizar fuerzas, desarmar la maleta, el regreso.
El rodaje de Goya, el secreto de la sombra ha concluido.
¿Resumir en pocas palabras la experiencia?
Hablaremos del género documental en general.
La experiencia del azar que se configura, se figura, va creando la figura, distinta, a veces idéntica en su esencia.
La fe en el diálogo. En el poder de la palabra, la abstracción de la imagen.
No abusar nunca, del poder que te da esa “maquinaria cinematográfica” como si de un arma frente al entrevistado se tratase. Intentar dibujar con ella, como con un lápiz, y si el material se resiste, entonces como mínimo, como el punzón sobre la plancha metálica.
Más que el lápiz en la privacidad del libro de bocetos, es una plancha con deseos de reproducción. De la suavidad o no del grabado final, de sus contrastes y claroscuros, de sus armoniosas líneas, ya dependerá de la pericia del artista… nosotros, meros aprendices, no hacemos más que esforzarnos… aprendiendo aún, y así, hasta los ochenta y dos años…

Noticias de Provincias (I)

Hemos pasado el tema “Feria de Frankfurt” para instalarse ahora el “rodaje de Woody Allen”. Allen como director me parece una leyenda viva. Pero la divinización me da asco. En cualquiera de sus formas y maneras. De juzgar por lo que estoy viendo en Barcelona, resta puntos. No debería ser ajeno a la manipulación política y económica del asunto. Tufillo rancio. Millón y medio de euros del erario público, y filmas aquí. Los responsables de la producción, son los mismos que se enriquecieron con el otro fiasco titulado el Forum de las Culturas. El mismo evento en el que un empresario aportó dinero, y al final todas las compañías participantes se alojaron en su cadena de hoteles recién estrenados.
Dicen los políticos responsables que el rodaje de Allen sirve para proyectar la imagen de Barcelona. Evidente: vaciamos las Ramblas y las mostramos con flores y pajaritos, exactamente lo que fue y lo que ya no es, para engaño de incautos turistas cultos.
¿Por qué no mostrar las Ramblas tal como son en estas fechas? Un vertedero humano de turistas y latas de cerveza, repleta a cualquier hora del día o de la noche, fuente de ruidos, dónde ya no cabe nadie más…
El “cuento” de la proyección internacional de la ciudad sigue siendo lo mismo de siempre: una productora que se subvenciona a cuenta del erario público, unos políticos que ridículamente se sacan fotos, y unos hoteleros que se llenan los bolsillos. Nosotros, lo que pagamos de verdad, contenemos el enojo ante tal desfachatez, llegados al punto de asistir al robo ni siquiera disimulado, puesto qué dónde se caen túneles y no hay culpables, cualquier cosa se puede.

(hoy un periódico gratuito traía la noticia de que en China habían ejecutado un ministro por aceptar sobornos… son un poco brutos estos chinos, pero hay cosas que parecerían tener bien claras. Aquí nos quedaríamos sin clase dirigente, creo)

Proyección

No termino de acostumbrarme. Siempre los nervios, la excitación antes de la proyección. El público que entra y va tomando posiciones. Nos echa una mirada interrogante. ¿Será éste el director? Las presentaciones de rigor, los agradecimientos. La proyección. Esa hora y trece minutos interminables en espera del fundido a negro final, pendiente de cada respiro, cada risa, cada movimiento de un público desconocido y que nada nos debe. Luego las preguntas, a veces sorprendentes, otras reiterativas. Uno cumple con su papel. Varia sus respuestas ante preguntas conocidas, en función del ánimo y el público. A la caza de la pregunta que nos sorprenda. Que no sepamos responder, que nos llevemos a casa como un regalo. Qué placer cuándo esto sucede… que deleite cuándo una proyección se aleva a diálogo aristotélico.

[lo que si no deja de sorprender es la lucha que exije a veces algo tan simple y de derecho natural, como que la proyección se haga de manera digna y profesional. Técnicamente hablando. Hay situaciones que parecerían erigirse como en un juego imbécil de ver si el director es suficientemente listo como para detectar, ver y declarar que la calidad no es buena… y tomar las medidas pertinentes. No quiero ni imaginar cómo se proyecta la película cuándo no estoy presente, en situaciones similares. Los directores nunca deberían renunciar a ese derecho inalienable: y es que su obra sea presentada de la mejor manera posible. So pena de no participar en la proyección].

Proyeccion de Benjamin en Barcelona

El próximo 18 de julio se proyectará en el Instituto Francés de Barcelona nuestro documental “Quién mató a Walter Benjamin…”
El pase comienza a las 20:00 y la dirección es:
calle Moià, 8
Metro: Diagonal
La presentación es en el marco de la programación del Festival de Cine Judío de Barcelona.
El precio de la entrada es de 3 euros
Para más detalles, por favor ponerse en contacto con los organizadores:
FCJB: 933 296 222
IFB: 935 677 777

(y sí, las fechas hacen siempre esos juegos, esas figuras que se intuyen como un destino ni siquiera buscado: el documental se presenta el día en que se conmemoran los setenta años del levantamiento franquista, aquel triste y fatídico 18 de julio de 1936, que llevaría, tres años más tarde, a convertir Portbou en una trampa insalvable para este Benjamin que escapaba de otra guerra, perdón, de la misma… no sigo)

Terezin/Theresienstadt

(David Mauas, Terezin, 1999)

En el año 1999 fui invitado para participar en un workshop titulado “locating terezin”, que tenía lugar, tal como su nombre lo indica, en el antaño gueto “modélico” de Theresienstadt (actual República Checa, a sesenta kilómetros de Praga). En esos años me encontraba desarrollando una tesis doctoral (nunca terminada) sobre la representación del holocausto, y el tema de Terezin/Theresienstadt era central a mi entender a la hora de enfrentar este asunto. Ya que no se trataba de adentrarse en los pormenores de la representación cinematográfica solamente, sino de ante todo, intentar determinar la representación in situ, es decir, la puesta en escena del holocausto a la hora de perpetrarlo y la inmediata consecuencia, a posteriori, en la memoria. Cómo ya avance unas líneas atrás, se trataría de un proyecto todavía inconcluso, lleno de retazos, fotografías, material filmado, grabaciones, etc… Con el tiempo, y de ahí supongo el abandono del marco universitario, la tesis iba tomando un cariz más y más personal, y con él la sensación de qué la única manera de abordarlo sería desde un lugar, todavía, desconocido…