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Existe también en el medio del cine documental clientelismo, endogamia, tráfico de intereses. Uno quisiera creer que ese tipo de conductas no deberían existir aquí, que nuestro medio debería estar exento de esas miserias. Y sin embargo, allí están. Negro sobre blanco. Los mismos nombres, suenan y resuenan. Menganito, profesor de un máster, se convierte luego en director de un festival, dónde casualmente el crítico Juanito ensalza a Fulanito, un cineasta que no es ni más ni menos que el alumno del primero, mientras que Juanito, el mencionado crítico, es –no lo olvidemos– buen amigo y profesor en el máster de Menganito…

Y así las cosas van girando en una rueda eterna a manera de tiovivo dónde las figuras pasan y pasan repitiéndose hasta el hartazgo, mientras se reparten palmaditas en el hombro, tan contentos todos de conocerse. Un coto cerrado en el cual quién no acepte las directrices del sumo sacerdote de turno no puede entrar, y menos, beneficiarse. Y para ejemplo y escarmiento de los descarriados, el ostracismo. De no ser así, el corolario sería sencillo: no serían necesarios ni sumos sacerdotes, ni dogmas, ni religiones para hacer cine. Y esta certeza, de hacerse obvia, terminaría por poner patas arriba todo el negocio (másters, festivales, revistas críticas).  

(mayo 2014)

#99

Nota como epígrafe de un film: “esta película no fue aceptada en ningún festival. Si usted la está visionando seguramente se debe a una equivocación”.

#53

El cine agotado. No me extraña que esa clase de cine sea festejado por la prensa especializada. Representa la cultura europea contemporánea. Son films que nacen agotados, cansados. Confunden el plano secuencia con la revolución. Confunden un trío bisexual con la subversión de los géneros. No son más que chapuzas ideológicas, algo así como filmar la lluvia y no mojarse. Filman al necesitado desde el lugar de quién duerme en un hotel de cinco estrellas. Abordan al otro con la mirada del colonizador que observa al indígena. Están demasiado cómodos. Están demasiado bien asentados. Sus amigos controlan la crítica, la academia, los festivales, y poco a poco se genera un discurso alrededor de un cine que es totalmente irrelevante. No solo para la cultura, sino para las necesidades sociales que dicen ponderar. Y es allí dónde se produce ese abismo entre la “crítica especializada” y el público. Pensar que el público es idiota es tan soberbio como idiota es pensar que una película debe ser amada por todos los públicos. Pensar que el público es idiota, y hacer cine con dinero público es, sencillamente, una hipocresía…

#51

Plantear el interrogante. Bien claro, coherente, sostenido. Y sustraerlo de la obra… eso es lo que la hace más intensa, más viva, más misteriosa…

#23

Con el crowfunding pasa lo mismo que con la sanidad pública. Echamos campanas al viento a favor de un sistema que en realidad lo que hace es que paguemos dos veces. Una con nuestros impuestos, y dos con nuestras aportaciones privadas…
El crowfunding además se demuestra como la gran demagogia del momento. Y prestar atención en quiénes lo festejan: instituciones culturales, ministerios, medios periodísticos… nadie, en su sano juicio, cree que se pueda recaudar, de verdad, el coste real de un film, por medio del crowfunding.
El crowfunding en si mismo, como plataforma de pre-venta o de promoción, puede ser una herramienta interesante, pero jamás debería ocupar el lugar del grueso de la financiación de una producción.
Los mismos creadores que enarbolan estas banderas no ven en su quehacer más que un hobby. No un medio de vida, ni una profesión, ni un oficio.
Y además, seguimos con el jueguito de “el público vota”, ese gran tiranía de la dedocracia.
Si el pasado hubiera dependido de estos conceptos, no existiría nada de lo que hoy conocemos como cultura occidental. Lo interesante es ver personajes que, de manera despampanante, se autoproclaman de izquierdas y en la misma frase a favor de estas perogrulladas que nos están vaciando de contenidos (cultura libre, etc.).

#16

En un mundo dónde todo se acelera, dar un paso atrás es también un acto revolucionario. Una verdadera obra de arte debe tener perdurabilidad en el tiempo…

El plano secuencia y la revolución (o notas sobre el documental III)

En la cultura existe un falso progresismo que confunde un aburrido “plano secuencia” con la revolución. Para esta gente, el ser de izquierdas es como una vestimenta, una moda, puro aspaviento. No hay contenido, ni profundidad. Nada. La mayoría de la hoy autodenominada izquierda europea es así. Y peligrosamente reaccionaria. Si estamos dónde estamos ahora, es también gracias a tanta impostura.

[ Barcelona, julio de 2013 ]