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Veo la siguiente oferta de empleo:

«Para taller de bisutería se busca una persona que se dedique a la comunicación, pero que también sepa hacer otras tareas, sea polivalente, multitarea y abierto. Entre otras: páginas web, notas de prensa, pintar objetos, retocar fotografías, hacer vídeos, responder mails y llamadas, contratar proveedores. Se necesita alto nivel de inglés (se ha de poder hacer pequeñas traducciones) y buen conocimiento de edición de imágenes. Se ofrece media jornada, sueldo bruto anual 9000€, doce pagas.». 

Completo mentalmente el anuncio: «y que sepa coser, que sepa planchar y que sepa abrir la puerta para ir a jugar…».  

Crisis

«Había tanta pasta que si eras de los que estaban en el ajo obtenías grandes dividendos y no tenías otra cosa que hacer que pasarte el día inventando nuevas maneras de gastártelo. Las mesas de los potentados crujían con el peso de los banquetes. Sus admiradores se apiñaban para apostar al juego de la propiedad inmobiliaria, y a los que apenas cobraban el salario mínimo les caían las suficientes migajas para mantenerlos contentos. Todo el mundo sabía que el tiovivo del dinero seguiría girando siempre y cuando no ocurrieran dos o tres cosas malas al mismo tiempo… hasta que de repente ocurrieron cuatro o cinco a la vez.»  


La furia, Gene Kerrigan.

Los gritos

«Lo que olvido de los niños es el jaleo incesante que arman, en una palabra, gritan. Gritar no es simplemente hablar desgañitándose, no es un medio de comunicación absoluto, sino una manera de ahogar la voz de nuestros rivales. Es una forma de agresividad. Una de las más puras que existen. Fácil de practicar y enormemente eficaz. Puede que un niño de cuatro años no sea tan fuerte como un adulto pero, desde luego, es más ruidoso. Una de las primeras cosas que deberíamos aprender en el proceso de convertirnos en seres civilizados: no gritar».

Diario de un mal año, J. M. Coetzee.

#111

Una y otra vez constato, con estupor, el fenómeno: el espacio público se convierte en un lugar peligroso, se instala el miedo, la desconfianza. Las personas, encerradas en sus pantallitas y sus auriculares, temen. El «otro» es un depredador potencial (terrorista, carterista, violador, portador de un virus, captador). Pedir fuego, preguntar la hora, saber cómo llegar a algún lugar… la gente pierde la costumbre del contacto, da un paso atrás, se asusta, prevalece la desconfianza.

#108

La lista de la felicidad. El paraíso es tu casa: un manual para ser feliz de puertas adentro. No hagas que el desorden te haga perder el tiempo. El libro que te devolverá la calma y convertirá tu entorno en un lugar tranquilo y con armonía. La magia del orden. La felicidad después del orden. El libro de las pequeñas revoluciones. Las gafas de la felicidad: descubre tu fortaleza emocional. El arte de no amargarse la vida: las claves del cambio psicológico y la transformación personal. Inspiración: la llama que enciende el alma. Desconectar para reconectar: Meditación sencilla para escépticos ocupados y buscadores modernos. Felices. En cinco segundos. En dos horas. Toda la vida. En la antigua China. En Londres. Con tu hijo. A solas. En barco. Paseando. De noche. De día. Sin hora. La felicidad, a tu manera. Alegría. Fe. La voz de tu alma: principios del mundo metafísico/cuántico para lograr lo que deseas en el mundo físico/material. Por muchos “no” de tu pasado, hay un gran “sí” en tu futuro. Las virtudes del fracaso. Sanación del alma: soltando lastres, restaura lo que un día se rompió. La gratitud despierta al Universo, pero el Perdón desata su Poder. Como ganar amigos e influir sobre las personas. La transformación a través de un curso de milagros. La relación hurtada: en busca del padre. Los perversos narcisistas: quiénes son, cómo actúan, cómo deshacerse de ellos. ¡Consíguelo!: derrota las excusas y los miedos y ve a por tus retos. La magia está en ti. ¡Di hola a tu alma! Hoy me he levantado dando un salto mortal. Controle su destino: despertando al gigante que lleva dentro. Poder sin límites: la nueva ciencia del desarrollo personal.  El monje que vendió su Ferrari: una fábula espiritual. Adiós tristeza: dieciocho pasos para recuperar la alegría. Los secretos que jamás te contaron para vivir en este mundo y ser feliz cada día. Manual para mejorar la autoestima: descubre tu verdadera valía y cultiva una autoestima permanente. Ser feliz no es gratis, pero tampoco cuesta tanto… ¿Me acompañas? Una invitación a despertar. Una guía para ser más feliz.

(Barcelona, librería. Una mañana de otoño, 2018)

#98

Criminales. Miércoles. Mañana. Día soleado. Primeros fríos. Passeig de Gracia, Sucursal Bancaria, Barcelona. Acción de la PAH. Un señor mayor se acerca al micrófono, toma la palabra. Cuenta su caso: “Bueno compañeros. Nosotros llevamos tres años ya, va para cuatro. Caja Galicia se quiere quedar con dos pisos. Se quiere quedar con el piso de mi hijo, que murió, y ahora se quiere quedar con el nuestro. Se lo hemos dicho: se quedarán con el de mi hijo porque no se lo puede llevar a… –su voz se detiene, se quiebra, levanta la mirada, y continúa– pero por el nuestro vamos a luchar todo lo que podamos, vamos a luchar contra esta lacra que hay. No tienen consciencia. No tienen bastante con uno, quieren dos. Y además quieren que paguemos treinta mil euros más. Conmigo lo van a tener muy duro. Después de que he perdido un hijo, quieren quedarse con las dos cosas. ¿A dónde vamos a ir? Tengo setenta y siete años, y yo ya no puedo trabajar en ningún sitio. Lo que quiero decir es que con la ayuda vuestra creo que lo voy a superar. ¡Sí se puede!”

#97

Ola de frío. Una pausa en la escritura. Salgo a la calle. Marco, cuyo nombre todavía no conocía, me interpela. ¿Me conoces?, pregunta. Sí, respondo, te veo por aquí desde hace un par de años. Tres y medio, rectifica. Pues tres y medio, corrijo. Me cuenta que trabajaba montando escenarios, que se quedó sin trabajo, que no duerme de noche, que prefiere hacerlo de día. Me explica que por la noches, si te quedas dormido en la calle, el asunto puede tornarse peligroso. Robos, asaltos sexuales. No parece tener amigos entre los “sin techo”. Confiesa que no recibe ayudas de las instituciones, ni de las oneges que se ocupan de este tipo de situaciones. Lo ha intentado. Pero no está lo suficientemente necesitado para ser beneficiario de ayuda. No es alcohólico, ni drogadicto, ni loco. Bueno, confiesa, un poco loco sí, pero no demasiado, no constituye un peligro para nadie. Al final, me solicita un “préstamo”. Se lo doy. Me asegura que me lo devolverá en un par de días…

(enero 2017)