Había una vez…

El lugar era muy jerárquico.
Estaban los que ganaban mucho. Los que ganaban más o menos. Y los que ganaban poco. Los que ganaban mucho se dignaban a hablar con los que ganaban más o menos, pero nunca con los que ganaban poco. Estos últimos existían gracias a la “bondad” de los primeros. Eran ellos quienes, con su buen talante, cultura y tolerancia, invitaban a los que ganaban poco a ganar un poco más de poco.
Sin embargo, los que ganaban poco sabían que eran la excusa para que los que ganaban mucho siguieran ganando mucho. Lo sabían, pero no servía más que para amargarse.

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