#8

Días atras. Ojeando el periódico. La páginas interiores me traen la triste noticia de la muerte de Carl Djerassi. Recuerdo nuestro primer encuentro, a finales de 2006, en un evento sobre Walter Benjamin, Berlín. Su mirada franca, generosa. Recuerdo el retrato que le hice. Su sonrisa centroeuropea. Años después coincidiríamos en Madrid. Él presentando un libro y yo estando allí por gestiones relacionadas al film de Goya. Aprovechamos el domingo para hacer un recorrido por la obra del pintor: Museo del Prado, Academia de Bellas Artes de San Fernando, y por último, una de mis preferidas, La Ermita de San Antonio de la Florida. No nos hemos visto muchas veces. Solo dos. En ambas, tuve la suerte de poder disfrutar de su diálogo, directo, no exento de ironía, y nunca complaciente. Me gustaba. Me dejó su huella. Hace unos años escribiendo un guión que todavía no he finalizado, tomé prestado de él algunos de sus rasgos, para construir uno de los protagonistas. Una especie de hommage a su persona, a esas charlas

De huelgas y benjaminianos

Iba a escribir sobre la huelga, sobre la enorme concentración de personas en la manifestación, sobre el seguimiento en el centro de Barcelona y sobre como nadie habló de ello –lo importante– con la excusa de los disturbios posteriores. Iba a escribir de todo esto, y de cómo los antidisturbios, una especie de cuerpo de antisistemas pagado por el Estado, disparaba sus pelotazos de goma a la masa de manifestantes, sin discriminación (“yo lo vi”). No sé si hay o no una estrategia a priori, pero el resultado es siempre el mismo: amedrentar a la gran masa de manifestantes normales… familias, gente con niños, gente que va a manifestarse en paz. Las protestas pacíficas son siempre molestas.

Decía que iba a escribir sobre estas cosas cuándo ayer, antes de irme a la cama, tuve la mala idea de echarle un vistazo a facebook. Al abrirlo, me araña la imagen de una caricatura (en alemán) a manera de díptico. En el dibujo de la izquierda, bajo el vocablo “ayer”, vemos un soldado nazi deteniendo a un niño judío, y al fondo, lo que parecerían ser las ruinas de un gueto europeo. En la viñeta  de la derecha, bajo el “hoy”, un soldado israelí frente a un niño palestino (lleva kefia) y tras él el paisaje desolado de una posible Gaza. Lo que más me sorprendió del asunto no fue el dibujo, ni la caricatura, acostumbrados ya como estamos a todo tipo de necedades cibernéticas. Sino el remitente, es decir, la persona que la cuelga: un digno profesor universitario, especialista en literatura alemana, y para más inri, estudioso de Walter Benjamin (así nos conocimos). A decir verdad, ya había detectado algo de escurridizo en su discurso…

Años atrás, escribí unas notas para un texto que no seguí y que versaba sobre el peligro de muchos “benjaminianos” para el mismísimo legado de Benjamin. La ortodoxia, el sectarismo y la cerrazón que acompañan a muchos de estos discursos (no es distinto a lo que sucede con Goya: muchos goyistas de hoy, de haber sido parte de la Comisión del Cabildo del Pilar, también hubieran rechazado su obra).

Hace unos días, en Berlín, M. me confiesa que tras algunos autodenominados benjaminianos, él cree encontrar, a veces, un “ligero” antisemita: quieren a Benjamin, pero soslayando todo lo judío que hay en él. De ahí, que se opongan, de manera instintiva, a todo discurso que apele a sus influencias hebreas.

Viendo lo visto durante todos estos años alrededor del tema, make sense.

Instituciones

Las instituciones son como las personas. Las hay dialogantes, respetuosas, arrogantes, displicentes, opacas, transparentes… en realidad, son más que las personas que las conforman. Y esto es un tema interesante, casi místico. Es como si en ellas planeara una manera de ser que es general a todos sus miembros.

Decía mi querido R., al frente de una importante institución, que “las relaciones entre los artistas y las instituciones tienen que basarse en el respeto mutuo”. Cuándo con una fundación, museo, centro cultural o similar, la comunicación se tuerce, hago lo que haría con una persona querida. Le expongo mis razones, quejas y argumentos y quedo a la espera de su respuesta, invito al diálogo. A veces hay suerte, y tras esa pequeña crisis, surge una relación duradera.

Las personas, como las instituciones, responden como su propio espejo:  nos ratifican o rectifican nuestras sospechas. Los dialogantes, dialogan. Los displicentes se sienten ofendidos y no aceptan crítica alguna, insultan en su respuesta. Es como si no tuvieran fondo y fueran una mera caricatura de ellos mismos. No son capaces de meter los pies en el agua. Cuándo uno se topa con alguien así, sea institución o persona, no hay futuro posible. Lo mejor es desconectar.

Estreno "Goya, el secreto de la sombra"

Una película no se estrena todos los días…
El pasado 16 de junio, tuvimos la suerte de estrenar “Goya, el secreto de la sombra” en el Auditorio del Museo Nacional del Prado.
Si hubiera tenido que elegir un lugar mejor para estrenar esta película, me hubiera sido imposible. No podría haber imaginado, pensado, o soñado, con un lugar más apropiado, más afín.  Es como un sueño que comenzó a gestarse a lo largo de los últimos meses. Mi círculo más íntimo sabe cuánto lo deseaba…
Quisiera agradecer al Museo por acoger esta presentación, y permitir este sueño, y también por el apoyo, consejo, y por sus puertas abiertas a lo largo de todo el proceso de investigación y realización de este film.
También quisiera agradecer cálidamente a la Casa de Velázquez. Por la beca, por haber apostado por este proyecto cuándo no eran más que unas páginas, y por haber apoyado y organizado este estreno.
A Televisió de Catalunya, por haber coproducido y con ello, permitido la realidad de este film, nuestra segunda gran aventura compartida, y por su diálogo siempre dispuesto, comprensivo, respetuoso…
A Benecé, por haberse sumado a este sueño, asumiendo riesgos, y estando allí a lo largo del rodaje.
Al ICIC, por su apoyo.
A mis amigos microfirmeros, que gracias a su historia, pude entrar en Goya.
Y a todos vosotros: participantes, amigos, familia, consejeros, por el apoyo durante todos estos años…
Y por último, un recuerdo a mi madre… que no pudo ver este film terminado y a quién le he dedicado esta película y cada una de las alegrías de este estreno…

El Zahorí

Zaragoza, visitando a Juan. Desde el primer momento nos introducimos en nuestros temas. Goya y su estrategia narrativa, El soldado de los milagros, las publicaciones, el American Colony…
Por la noche, me agasaja con el espectáculo de Bigas Luna, en el Plata. Me río bastante, paso un buen rato.
Al regresar, seguimos… Me cuenta de Y. y de su don. Le pido conocerla.
Pasamos toda la tarde del sábado juntos. “Primero es la intuición, la certeza de saber”… me dice ella. Más tarde, ya entrando en materia, agrega en confianza: “luego se construye el tinglado de estudios científicos para justificarlo…”

A la vuelta de Goya


Tras dos días de sueño profundo, reorganizar fuerzas, desarmar la maleta, el regreso.
El rodaje de Goya, el secreto de la sombra ha concluido.
¿Resumir en pocas palabras la experiencia?
Hablaremos del género documental en general.
La experiencia del azar que se configura, se figura, va creando la figura, distinta, a veces idéntica en su esencia.
La fe en el diálogo. En el poder de la palabra, la abstracción de la imagen.
No abusar nunca, del poder que te da esa “maquinaria cinematográfica” como si de un arma frente al entrevistado se tratase. Intentar dibujar con ella, como con un lápiz, y si el material se resiste, entonces como mínimo, como el punzón sobre la plancha metálica.
Más que el lápiz en la privacidad del libro de bocetos, es una plancha con deseos de reproducción. De la suavidad o no del grabado final, de sus contrastes y claroscuros, de sus armoniosas líneas, ya dependerá de la pericia del artista… nosotros, meros aprendices, no hacemos más que esforzarnos… aprendiendo aún, y así, hasta los ochenta y dos años…