#100

La escena del peluquero. La mano que tiembla. El corte en la oreja. La tristeza del niño que percibe que algo grave ha sucedido. Algo relacionado a la capacidad de ese hombre que le ha venido cortando el pelo desde siempre y que, aún siendo tan niño, sabe que nunca más será…

De repente…

A mi madre. In memoriam.

De repente, así, de repente, el tiempo se detiene y todo parecería no tener importancia alguna. Es cómo si todas las actividades cotidianas no fueran más que un pasatiempo en espera de esos momentos trágicos, en que todo se detiene y uno se pregunta qué estaba haciendo mientras la desgracia se gestaba… a dónde estaba mirando…

[ Barcelona, marzo de 2010 ]

La paradoja

Tenía siete, tal vez ocho años. No lo recuerdo exactamente. Lo que sí recuerdo era un pensamiento recurrente: quería tener unas antenitas en mis cejas que me permitiesen grabar todo lo que ocurría a mi alrededor. También recuerdo que por la noches me sobrevenía la angustia, me acuciaba un problema que, para mi mente infantil, se me aparecía irresoluble. Una paradoja: de tener la posibilidad de filmar todo lo que me acontecía, constantemente, todo el tiempo, sin interrupción, necesitaría vivir el doble de tiempo, tener dos vidas. Una para la filmada y la otra para el visionado. En esa época, claro está, no existían todavía ni cámaras de video, ni los montajes digitales, ni las gafas google, ni las cámaras de vigilancia, y menos la posibilidad de acceder al fast-forward… creo que fue el momento que comencé a escribir mis diarios de infancia…

[ Barcelona, julio de 2013 ]

Primer día de escuela

Es cómo si en un último ataque de lucidez -instintivo, por cierto- los niños se negarían a entrar en esa moledora de carne que es la educación institucionalizada. Se resisten, lloran, patalean… la guerra esta perdida. Lo intuyen. Lo saben. Pero es la única manera de no caminar mansamente hacia su perdición…