Gestos

 

Hay gestos, que aunque pequeños, echan luz y esperanza en una zona en que la rueda de la barbarie no parecería tener fin.
Algunos ciudadanos israelíes, indignados y horrorizados ante el crimen de Beit Hanun (Gaza, Palestina, dónde murieron cerca de veinte personas la semana pasada) decidieron no callar más y publicaron sendas esquelas dirigidas a las familias palestinas. En uno de estos mensajes, leemos: “agacho mi cabeza con vergüenza sin parangón y profundo dolor ante vuestra desgracia. Los israelíes sensatos están invitados a sumarse a estas condolencias”.
Las llamadas de apoyo no se hicieron esperar, entre las que se contaban, como esperanzador signo de que también al otro lado llega el mensaje, una comunicación de miembros de una familia palestina agradeciendo la deferencia.
El día en que las páginas de los periódicos de la zona se llenen con este tipo de esquelas (dolidas, sinceras, espontáneas) ante cada acto criminal e irracional dónde mueren inocentes; ese día, posiblemente, sea el principio del fin de tanta muerte…
La luz, aunque sea de una llama única y diminuta, es siempre un punto dónde anclar la mirada entre tanta oscuridad.

Sin Titulo I

(David Mauas, Jerusalén, 1997)

“¿Qué hace el lobo cuando la loba y los lobeznos tienen hambre y están con la panza vacía, lamentándose y peléandose entre sí? ¿Qué hace el lobo? Yo digo que el lobo sale de su guarida y va en busca de algo que comer y, acaso, por la desesperación, baja al pueblo y entra en una casa. Y los campesinos que lo matan tiene razón al matarlo; pero también él tiene razón al entrar en sus casas y morderles. Así todos tienen razón y nadie está equivocado; y de la razón nace la muerte”

Cuentos Romanos II, Alberto Moravia

Oriente Medio I (o a la deriva…)

[David Mauas, Jerusalén, 1997]

Hace semanas que, desde que comenzó este nuevo capítulo de este antiguo conflicto de Oriente Medio, intento organizar mis pensamientos. Quisiera poder tener una visión clara de lo que debería ser. Me afano en esto. Leo prensa de distintos países, veo noticias de distintas cadenas, hablo con amigos que lo viven de cerca. Pero nada. Cada día me encuentra, si bien no más confuso, sí con la incertidumbre de qué es necesario hacer primero. Son muchos los elementos que se mezclan, que bailan en esta danza macabra de telediario. Mi enojo, mi indignación, se reparten por igual. La ineptitud y la soberbia del gobierno israelí; la brutalidad de los líderes árabes que siguen negando el derecho de un país a existir; la cobardía de los movimientos integristas, que entre atentados suicidas y katiushas desde casas privadas, incendian constantemente la zona; la preocupante y desvergonzada candidez de la prensa y la mal llamada “izquierda europea” (Israel “mata”, los israelíes “mueren”. El Ejercito hebreo “asesina”, un ataque de Hezbollah “se cobra la vida”, etc…); la triste pasividad de todos los pueblos involucrados…
Mientras tanto, la quinta parte de los libaneses se han convertido en refugiados, al igual que un número incalculable de israelíes.
Son los pueblos los que deberían hacer el esfuerzo de expeler de su seno, sin piedad alguna, a todos los elementos desequilibrantes. Son los propios habitantes los que deberían echar a patadas en el culo a todos los vecinos dispuestos a provocar. Somos cada uno de nosotros, estemos dónde estemos, quienes tenemos la responsabilidad de expulsar a todos los cobardes “matterazies” o bravucones “zidanes”.
Hasta que no se asuma esto, la lista de agravios y reclamos no hará más que alargarse…
C. me contaba que en el pueblo de su abuela, alli por el sur de Francia, hay dos casas que pertenecen a dos hijos de una misma familia. Ellos a su vez tiene familia, hijos, nueras. Entre las dos ramas familiares no se hablan. Se odian. Pero la verdad es que ya nadie recuerda el motivo original de la pelea…