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Hace unos meses leía la noticia sobre un joven cazador de Montana que había sido atacado por un oso de gran tamaño. El joven logró librarse tras introducir su brazo en la garganta del animal, provocándole arcadas… Con heridas en todo el cuerpo, desde su cama de hospital, declara: “Quiero que todos sepan que no fue culpa del oso. Estaba tan asustado como yo”. Enseguida pensé: eso se llama ‘ecuanimidad’.