#87

El sacrificio. Leo la siguiente noticia: en un pequeño pueblo de Minnesota, los vecinos sorprenden, cuchillo en mano, a un hombre a punto de matar a su hijo. El niño, amordazado, está atado sobre un altar improvisado al fondo del jardín. Sólo un milagro explica que los vecinos logren detener al padre antes de cometer el asesinato. En el interrogatorio, el hombre argumenta –tranquilo y convencido de sus actos– haber oído a Dios decirle que mate a su hijo en ofrenda. En el juicio, la defensa alega enajenación mental. El acusado protesta. No quiere que lo tomen por un desequilibrado. Insiste: fue Dios quién se lo ordenó la mañana de los autos. Explica que acababa de levantarse y, mientras bebía su primer café y su hijo todavía dormía, Él le habló. No era la primera vez. Pero sí la primera en recibir un claro mensaje de acción. El juez duda. Los peritos no logran unanimidad. Desfilan teólogos, psiquiatras, rabinos, curas e imanes. Finalmente el magistrado tiene que tomar una decisión… El acusado todavía no ha salido del hospital psiquiátrico en el que lo encerraron. El niño, ya adolescente, crece feliz con sus abuelos.
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#20

Encuentro esta nota escrita a mediados de enero de este año:
“Sé que no he publicado nada sobre lo sucedido en Paris. No sé por dónde empezar. He tomado muchas notas. He pensado otro tanto. He visitado mucha información. Tal vez demasiada. He encontrado pocas cosas inteligentes. En general, la gente habla cuándo le ponen un micrófono delante. Hay que aprender a callar cuándo nada de lo que decimos ayuda a entender los sucesos, a una mejor comprensión del fenómeno. Intento no dejarme arrastrar por el enojo, la violencia. No es tarea fácil. Pero una cosa es pensar, otra publicar. Publicar es un acto de responsabilidad…
Opinamos de tantas cosas, sabemos tan poco. Quedando inermes antes lo importante.
Esta nota es para eso. Para dar cuenta de que no he publicado nada sobre lo sucedido en Paris. No por falta de interés. No por no considerarlo importante. Sencillamente, no sabría por dónde empezar…”

De repente…

A mi madre. In memoriam.

De repente, así, de repente, el tiempo se detiene y todo parecería no tener importancia alguna. Es cómo si todas las actividades cotidianas no fueran más que un pasatiempo en espera de esos momentos trágicos, en que todo se detiene y uno se pregunta qué estaba haciendo mientras la desgracia se gestaba… a dónde estaba mirando…

[ Barcelona, marzo de 2010 ]