El moscardón

El sonido del insecto se ha convertido en un murmullo constante, habitual. Sobrevuela la ciudad, hasta altas horas de la noche. Busca sospechosos, incidentes. En realidad no busca nada: solo intimidar. Ensayo general de ciudad ocupada. ¿Cuántos días llevamos así? Lecheras antidisturbios se convierten en parte del paisaje habitual, rodando por las avenidas, haciendo notar su presencia. Policías en las esquinas. Exigencias de identificarse en las manifestaciones.

Las narrativas clásicas siempre funcionan. Es como si las personas no termináramos de aprender. Generar la violencia, para tener la excusa de la represión. Estrategia antiquísima. Lo hemos visto el pasado 29 de marzo. ¿Acaso alguien se cree que los estudiantes detenidos eran los mismos que rompían los escaparates y quemaban contenedores? Yo estaba filmando esa mañana en El Corte Inglés de Plaça Catalunya. Vi tres chavales con pinta de quinquis, con su cara tapada, acercarse a los manifestantes en busca de gresca. Los congregados le recriminaron su actitud. A falta de acción, se alejaron en busca de otro escenario. Testimonios como estos he oído bastantes. Todos coincidentes: los que comenzaban la violencia no parecían parte de la protesta (su estética, la manera de actuar, etc.). Da que pensar. Luego viene la prensa y festeja: habla de los disturbios, de la violencia, pero no del éxito de la concentración. Pensemos: si la violencia está tan arraigada en Barcelona, tal y como justifican los responsables de mantener a la población a raya, ¿cómo es que no ha habido ningún incidente durantes estas dos semanas que nos las pintaban como el Apocalipsis? Ellos dirán que es porque se han tomado precauciones… pero nosotros lo sabemos. El moscardón seguirá volando sobre nuestras cabezas… ahora mismo ya me está llegando su resuello.

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