142

En las asambleas no siempre hablan los más inteligentes, muchas veces quienes toman la palabra son aquellos que menos reparo tienen en decir estupideces. Sucede un poco como en los coloquios. La mayoría, ya sea por pudor o vergüenza, no se expresa. Y aquellos que lo hacen, son los más irrelevantes. Provocadores, imbéciles en busca de protagonismo, despistados… Y pocas veces, en contadísimas ocasiones, alguien con una aportación inteligente.

(octubre 2014)

139

Sus manos delgadas, su cuerpo grueso. Sus manos dan cuenta de un culo gordo sentado demasiadas horas en un sillón arrellanado. Su vientre hinchado nos habla de comidas copiosas pagadas por el contribuyente… 

(octubre 2019) 

138

Consulado de Colombia. Trámite de visado. Una mujer le dice a otra: «renunciar a tu patria es como renuncia a tu madre, mi tierra es mi tierra». La mujer se percata de mi atención. Mirada reprobatoria, condescendiente.

(noviembre 2010)

137

En la plaza. Oigo a un padre decirle a otro: «Hombre, ¡has de disfrutar la vida como si fuese el último día!».  

«¡Que imbécil!», pienso observando al prototipo de piso-propio-e-hipoteca –cuenta en La Caixa, votante de Convergencia, bermudas azul oscuro por sobre la rodilla, camisa de manga corta– que sale los domingos a jugar un ratito con su hijo.  

La frase, por más que se repita hasta el hartazgo, es cáscara vacía. Se deja de lado un elemento fundamental. Justamente lo que se convierte, a lo largo de nuestra existencia, en una pesada carga: el aspecto económico, material.   

Si tuviera que vivir cada día como si fuese el último, no me preocuparía por tener ahorros, ni pagaría impuestos, ni menos aún cumplimentaría la declaración de la renta. Con lo cual, la frase no resiste el menor examen. 

(enero 2018) 

128

Un amigo me invita a la inauguración de una exposición. Se trata de un videoartista. Proyectan la obra. Discurso blandengue, poroso. Aunque se crea rompedor y combativo, un queso gruyère lo hubiera representado mejor. 

(febrero de 2015)

125

Sábado mediodía. Café con leche. Tolstoi y «Sonata a Kreuzer». Un padre y dos hijos. El hombre parlotea y fuma orgullosamente un habano mientras ellos observan, entre hastiados y aburridos, el discurrir de un discurso mil veces repetido, ritualizado, obsesivo. El padre continúa, no se percata de la apatía de sus hijos. Cuenta hazañas dudosas de soldado, un pasado glorioso en la mili. Alza las manos a manera de rifle automático, y dispara, pum pum pum… los niños, al sentirse observados, sonríen, disculpándose… 

(junio 2010)


121

He conocido muchas personas así. En los encuentros informales, entre colegas y conocidos, son los «guais»: espíritu progresista, crítico, combativo. No más que eslóganes baratos, frases bonitas para colgar en twitter. A la primera complicación, desaparecen. 

(marzo 2016)