#84

Los que triunfan son aquellos que tienen los objetivos claros. Tan claros, que resultan monográficos, monolíticos, únicos. Son como programas de ordenador: toda realidad pasa por el prisma de la necesidad, del objetivo. Admiro su tenacidad, pero me resultan aburridos.

#68

El Sr. X, director de la Institución Y, va dilatando su respuesta. Han pasado ya tres meses:  reuniones, mails, llamadas telefónicas. Pero no se define. Urge. De esto depende un trabajo que tenemos en desarrollo. De eso dependen nuestros ingresos. Hablo con su secretaria. Ella dice, justificando a su director: “Sr. Mauas, usted sabe como son estos asuntos. El Sr. X tiene una agenda muy apretada, muy cargada y todo le es muy complicado”. Harto, y en busca de la complicidad de la secretaria (o de su ruptura), disparo: “imagine usted entonces nuestra situación: sin sueldo fijo, pendientes siempre de señores con agendas cargadas y complicadas costeadas con el erario público, es decir, nuestro dinero… ¿no tengo yo agendas lo suficientemente cargadas también?”. Ella calla el tiempo suficiente para digerir mi respuesta, entender si hablo en tono irónico o serio. Tras un momento que parecería eterno, dice: “Le prometo que esta semana le llama”.

#47

Dos frikies sentados en un bar. Menú barato de mediodía. Uno, entrado en carnes, gafas gruesas, culo de botella; el otro, pelo largo desmarañado, rostro castigado por el acné. Uno dice: “esto de que el amor es ciego, es una parida”. El otro: “claro que es una parida, ¿cómo el amor va a ser ciego?”

#44

El otro día me llamó mi buena amiga E. A la quinta vez que le oigo decir “mi terapeuta” (me dijo, me preguntó, me recomendó, me hizo ver, me habló…) entendí que era el momento de despedirse, so pena de seguir siendo testigo involuntario de su terapia…