#79

La relación entre el selfie y el autorretrato. El autorretrato es una construcción del yo (la máscara o la esencia, o ambas), con un arraigo profundo en la tradición artística. El selfie es un mero “yo estoy aquí”. Una simple autoafirmación sin construcción alguna. Antes era el “¿por favor me saca una foto?”, y en la actualidad ni siquiera eso (basta con un bastoncillo desplegable), desechándose así la colaboración del otro (su mirada). El selfie es una mera glorificación del yoyismo. Es todo lo contrario al autorretrato. No hay reflexión. En el autorretrato, sí.

#66

Uno se va replegando. Retirándose de sus barrios preferidos, de sus plazas favoritas, de sus cafés habituales. Evita lugares. El turismo y el mal gusto lo invade todo. Barcelona va perdiendo, a pasos acelerados, espacios que la caracterizaban. Empobrecimiento visual y cultural; lo que ayer era una galería de arte, hoy es una tienda de chanclas playeras. Permanecer en casa para evitar disgustos.

#50

Hermosa luz de mañana. Hacía tiempo que no me permitía perderme por la ciudad a horas tan tempranas. Observando una calle que siempre me agradó, disfrutando de las fachadas de sus edificios, descubro tres fincas reconvertidas en apartamentos turísticos. Observo detenidamente alrededor y constato, una vez más, ya con resignación, ya con tristeza, como, paso a paso, como un proceso inexorable, los lugares más bonitos de la ciudad están siendo ocupados por negocios para turistas: apartamentos, colmados, comida rápida, souvenirs. Me viene a la memoria la historia de C., cuándo tras muchos años de conocernos, una noche de borrachera, se ensombrece, y después de un silencio largo, sin previo aviso, me comienza a relatar las vicisitudes de una infancia en un pequeño apartamento en La Havana, dónde vivía con su madre, su abuela y sus hermanos. Para sobrevivir recurrían a una cartera de prostitutas de confianza a quiénes le subarrendaban, por servicio, su cuarto de dormir. Lo despertaban a cualquier hora en función de la demanda. Recuerda C. siempre la misma escena: recién despertado, apenas consciente, una mujer pintarrajeada y el americano o europeo de turno tras ella. Él sacado a medianoche de su cama caliente para ir a ocupar su lugar en el sofá, arrastrando su sábana, en espera de que la transacción llegase a su fin. De vez en cuando, cuenta con una media sonrisa dónde se adivina el peso de la humillación, la prostituta de turno se compadecía de él y le hacía un “servicio”. Me viene a la memoria esta historia, olvidada ya, al pensar cómo la crisis nos fue haciendo ceder espacios de dignidad y como nuestra ciudad, nuestra tan amada ciudad, va entregando sus mejores zonas a una orgía turística descontrolada que al final nos dejará con una caricatura de lo que era.
[ febrero 2015 ]