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Me metí con lo más terrible, lo más difícil. Las pesadillas invaden mis noches. Hay días que tengo imperativos deseos de detenerme. Me pregunto si tengo derecho siquiera a desenterrar a los muertos… Sé que no soy dueño de esta historia. No soy yo el que decido ni el que elige. Pero tengo el deber de insinuar lo que sé… 

(agosto 2004)

#49

Acabo de llegar a Portbou. Me pregunto si la primer mirada es la que marca todas las miradas que vendrán a continuación. ¿Se puede forzar la emoción? ¿Se puede repetir?
[ octubre 2014 ]

#39

Pienso en el sentido de la profecía. ¿De qué sirve anunciar la catástrofe? ¿La previene? ¿Hace que la gente cambie de parecer? Benjamin y su aviso de incendio. ¿Pudo evitarlo acaso? Ni siquiera pudo evitar quemarse él mismo.

#28

Tras la presentación del film, un espectador me pregunta: “Entonces, ¿quién mató a Walter Benjamin?” Y sin pensarlo, contrario a todas mis costumbres, como un acto reflejo, contesto: “los benjaminianos, por supuesto”. El público ríe, festejando la broma.
Lo que no saben, es que cada día estoy más convencido de esta verdad y que no se trataba de broma alguna.

#12

Que Walter Benjamin está de moda, no quedan dudas. Uno lo encuentra mencionado hasta entre aquellos que deberían sonrojarse por citarlo. Hace unos días  leía a un político citando a Walter Benjamin… me dio un no se qué… ¿una persona asociada al poder que tiene la osadía de citar a quién no detentó cargo público alguno, a quién nunca fue miembro oficial de grupo o partido? Se debería ser más modesto, más honesto… y recordar que la memoria de quién muere solo en la frontera no debería ser mancillada por los labios de quién no tuvo el coraje de renunciar a los halagos parasitarios del poder.

#8

Días atras. Ojeando el periódico. La páginas interiores me traen la triste noticia de la muerte de Carl Djerassi. Recuerdo nuestro primer encuentro, a finales de 2006, en un evento sobre Walter Benjamin, Berlín. Su mirada franca, generosa. Recuerdo el retrato que le hice. Su sonrisa centroeuropea. Años después coincidiríamos en Madrid. Él presentando un libro y yo estando allí por gestiones relacionadas al film de Goya. Aprovechamos el domingo para hacer un recorrido por la obra del pintor: Museo del Prado, Academia de Bellas Artes de San Fernando, y por último, una de mis preferidas, La Ermita de San Antonio de la Florida. No nos hemos visto muchas veces. Solo dos. En ambas, tuve la suerte de poder disfrutar de su diálogo, directo, no exento de ironía, y nunca complaciente. Me gustaba. Me dejó su huella. Hace unos años escribiendo un guión que todavía no he finalizado, tomé prestado de él algunos de sus rasgos, para construir uno de los protagonistas. Una especie de hommage a su persona, a esas charlas