3 de mayo de 2013

Herz Frank

Un par de meses atrás, me acordaba de Herz Frank. Cosa extraña, ya que no venía a mi memoria desde hacía mucho tiempo. Años, tal vez. La última vez que lo encontré, fue Tel Aviv, en el marco de un festival de cine documental que yo visitaba aprovechando unos días de viaje en la ciudad. Recuerdo que él formaba parte del jurado. Nos saludamos afectuosamente. Se encontraba seguramente feliz, contento, satisfecho. Posiblemente comenzaba a sentirse reconocido. Herz Frank llegó a Israel de la antigua Unión Soviética en el año 1993. Un cineasta con una gran carrera detrás, que pocos o nadie, conocía en su nueva tierra. La primera vez que nos vimos fue en la Filmoteca de Jerusalén, dónde yo trabajaba. No recuerdo el motivo, pero vino a mi despacho. Enseguida me sentí atraído por sus maneras. Hablamos mucho. Nos volveríamos a ver varias veces. En una de ellas, recuerdo, me trajo una cinta VHS, de esas de 180 minutos, grabadas en LP, con muchos de sus films. Uno de ellos, mostraba el nacimiento de un bebé. Los gestos de la madre, el dolor, la pasión, la pareja a su lado. La cabeza del niño que comienza a salir. Es esta imagen la que vino a mi memoria, un domingo de hace un par de meses, a comienzos de marzo, mientras visitaba en el hospital a unos amigos que acababan de ser padres, mientras ella me relataba los pormenores del parto, y él cambiaba diligentemente a su flamante hijo.

Otro de los films que contenía esa cinta, se titulaba “Ten Minutes Older”, que con el tiempo se haría famoso, justamente por un remake dirigido por varios directores de renombre. “Ten minutes older” es un plano secuencia de un grupo de chicos asistiendo a un espectáculo. Lo recordaría muchas veces, cuándo, aprovechando mi trabajo como tour manager de una gira europea de circo durante el año 2001, fotografiaba a los niños-espectadores pendientes del riesgo de los equilibristas.

Recuerdo también la profunda impresión que me dejaría su largometraje documental “There Were Seven Simeons”, que trataba de una familia compuesta por varios hermanos, todos músicos, sobre quiénes él ya había hecho un film anteriormente, y más tarde, ya mayores, habrían estado involucrados en el secuestro de una avión para escapar de la Unión Soviética. Recuerdo las entrevistas, el juicio, el sueño por un futuro mejor…

En la mismo época en que yo me organizaba para partir de Jerusalén rumbo a Barcelona, allí por el año 1997, Herz Frank estaba trabajando en un nuevo documental que rodaría en las proximidades del Muro de los Lamentos.

Recuerdo como en uno de esos últimos encuentros antes de partir, me regaló una foto tomada para la investigación de su film. De un lado, a pié de foto, firmada con letras latinas; al reverso, con el orgullo de la adquisición de la nueva lengua, la dedicatoria en hebreo.

Voy en busca de este bonito regalo de despedida. La encuentro, sonriente, entre las hojas de una libreta de apuntes de esos años…

Me gusta pensar que al palparla, rememoro el momento, dando vida, aunque sea un instante, a ese hombre, a ese cineasta que, por esos azares de Internet, me habría de enterar que fallecería, a la edad de 87 años, hace casi dos meses atrás…  apenas un par de días después de recordarlo tan vivamente ese domingo, visitando a mis amigos.

7 de abril de 2013

Ruinas Modernas

Hace un par de semanas, se inauguró en Madrid (Museo ICO), y unos días más tarde en Berlín (Architekturforum Aedes), la exposición  “Ruinas Modernas” de Julia Schulz-Dornburg.

Con Julia nos conocimos hace unos meses atrás, por esos caminos de la casualidad (¿o será ya la causalidad?). Me encontraba en esos estadios de limbo, recién habiendo terminando una cosa y todavía sin haber comenzado la siguiente. Buscando aquello que me seduzca lo suficiente como para poder entregarme a su influjo.

Cuándo me contó su proyecto, o mejor dicho, cuándo me comentó de la reciente publicación de su libro homónimo y del tema que allí se abordaba, sentí inmediatamente lo que sentimos los cineastas frente aquello que nos habla directamente: unas ligeras palpitaciones del corazón que nos advierten de la presencia de algo que merece nuestra atención. Siempre, pienso, todos los proyectos verdaderos, realizados o no, comienzan con unas imperceptibles palpitaciones. Un corazón que actuaría a manera de dos ramitas en manos de un Zahorí imaginario (conocí hace unos años a una zahorí que realizaba interesantes experimentos… pero este, ya sería tema para otro film).

Mientras me iba sumergiendo en este nuevo tema, surgió la posibilidad  de hacer unas piezas de vídeo para la exposición. Una experiencia de los más enriquecedora, por cierto, que me permitiría, a mi y a quienes están colaborando conmigo en esta nueva aventura, ir adentrándonos en este nuevo territorio… recurrimos entonces, y únicamente, a materiales promocionales existentes en la red, a manera de found footage, formando distintos grupos de audiovisuales compuestos de diferentes monitores domésticos, a semejanza de souvenirs de un sueño. El sueño de la buenaventura, del tiempo libre, de un tiempo sin sufrimiento dónde el ocio, y poco más, sería la preocupación central de todos los europeos…

Antes de finalizar, quisiera citar, a continuación, el texto que Julia preparó para la exposición, que refleja, fielmente, su trabajo:

“La exposición es fruto de un proceso continuo de investigación que arranca en el 2010 con las primeras indagaciones sobre universos del ocio, ciudades fantasmas y paisajes de lucro. La pieza central del trabajo esta formada por el inventario fotográfico de la construcción especulativa abandonada en España. Se retratan parajes ocupados por conjuntos de edificaciones no completados dentro del territorio nacional. La reciente implantación masiva de enclaves de ocio, complejos turísticos y residenciales de todo tipo, ha transformado amplias regiones de la costa y ha llegado incluso a las provincias interiores. El ocaso prematuro de algunos de estos asentamientos a causa del estallido de la burbuja nos presenta, con imágenes de inquietante belleza, la incongruencia entre la vida corta de la especulación inmobiliaria —abortada por causas técnicas— y sus perdurables secuelas físicas.

El boom inmobiliario creó unas perspectivas de plusvalía ficticias, alimentando una  insaciable ansiedad por despegar que terminó en un desapego absoluto, no sólo del propio territorio, de la tierra, de las costumbres, sino también del sentido crítico y de la razón. Los resultados de estos años locos, aunque grotescos, impresionan por su contundencia y falta de timidez. Son monumentos de alto valor simbólico, porque resumen, de forma elocuente y visible, la compleja trama de complicidad social, política y económica que insiste, como si no hubiese otra opción,  que el único modelo viable para nuestra sociedad es el modelo de crecimiento. A cualquier coste, en cualquier lugar.

La muestra no es un censo de promociones fracasadas y no pretende ser representativo, la colección de los casos presentados responde a una selección personal. De  los lugares visitados a lo largo de los 10.000 km de viaje durante un periodo de dos años, 60 urbanizaciones fueron retratadas e investigadas de las cuales se pueden contemplar unas 35 en estas salas. La información que acompaña el inventario fotográfico procede exclusivamente de las promotoras inmobiliarias, archivos municipales y boletines del Estado.

La especulación inmobiliaria como fenómeno no se puede concebir sin contar con el elemento de la ficción. La simulación de la realidad representa una parte intrínseca del sistema (especular viene del latino specularis/espejo: mirar con atención al reflejo; hacer suposiciones sobre algo hipotético). La exposición  rinde cuenta a esta dualidad y lo incorpora de forma estructural. Realidad y ficción forman un tándem inseparable a lo largo del recorrido expositivo. Los documentos fotográficos están expuestos al lado de su correspondiente  información  promocional, la publicidad se contrasta con los propios datos estadísticos, el lema del complejo se yuxtapone a su currículo vitae oficial y los planos urbanísticos muestran el emprendimiento especulativo en relación al municipio que expide los permisos para ello. Sólo desde esta lectura doble, de la reciprocidad entre la realidad y la ficción, se puede llegar a comprender lo impensable, reconstruir lo inimaginable, constatar el disparate y sacar sus propias conclusiones.”

27 de enero de 2013

El Kapo

Cuándo uno ve con qué autoridad y disfrute mi vecino J. impone su flamante role de “presidente” de escalera, uno puede darse perfecta cuenta del peligro implícito que nos rodea: sobre tipejos como estos se construye el univers concentrationnaire.

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1 de enero de 2013

1.1.2013

tarjeta de año nuevo (2013)

 

18 de noviembre de 2012

Lowcost

Viajar en Easyjet y pagar por tener entrada preferente es para idiotas, pienso, mientras observo a ejecutivos de medio pelo orgullosos por ser los primeros en embarcar. Minutos después, mi circunstancial compañero de vuelo, arquitecto americano, me preguntaría, como si yo fuera un experto en organización aérea, porqué los asientos no están asignados de antemano. No lo entiende. Todo esto le parece un caos. Viene de un mundo ordenado. Puede que sea un caos para el personal, le respondo, pero no para la empresa. Miro de reojo, un libro abierto descansa sobre sus rodillas. Incorporo su título antes de siquiera entenderlo: “Infancia en Berlín hacia 1900”. Él capta mi mirada. ¿Lo conoces?, pregunta. Sí, sonrío, cómplice, como si un desconocido me estuvieran mostrando la fotografía de un familiar querido. No entiendo mucho qué quiere de mi, me dice sincero, señalando el libro. Contesto: si tu no tienes asiento asignado, la gente, convertida en manada, sube a los empujones y codazos para situarse primero. O el caos, o pagas un sobreprecio para subir ordenadamente y sentirte privilegiado, diferente de la masa, del resto. Y esto mismo sucede con las maletas, el equipaje de mano, las bebidas, el bocadillo y todos aquellos servicios que antes venían asociados de forma natural al concepto de volar. Y en tierra, previo al embarque, en algunas compañías se pasea una azafata con cara de kapo y una caja de cartón hueca que va midiendo tu equipaje de mano. Tu rezas: por favor que el mío este dentro de los parámetros permitidos. Te entra el pánico. El terror. Solo deseas que la caja engulla tu equipaje, que no se quede fuera. Sabes que van a por ti. El que se salga de la fila, paga. Ese es el negocio. Tratarte mal, para que al final quieras comprar un “tratamiento especial”, un “tratamiento extra” que te diferencie de la gran masa de viajeros. Todas estas prácticas podrían enmarcarse dentro de lo que denominaríamos “figuras de ensayo general” y así, paso a paso, te van sacando lo que era tuyo, para cobrártelo luego, una vez más. En España, por ejemplo, cada vez más se pueden ver spots publicitarios sobre seguros médicos. Te bombardean con noticias sobre los recortes en la sanidad pública, te cuentan sobre personas que fallecen antes de acceder a una intervención quirúrgica, sobre cierres de hospitales, etcétera, y paralelamente, crece la publicidad sobre los seguros médicos privados: empresas  “que están cerca de los tuyos” y “que te cuidarán en el momento más importante” (muchas de ellas, a más hipocresía, asociadas a los bancos…). Todo es parte de la misma estrategia. Sin embargo, si no daríamos alas al sistema participando en él, estos vuelos, por ejemplo, no tendrían razón de ser. ¿No es así? Pero claro, ¿queríamos volar barato, no? ¿nos llenamos la boca con eso de la “democratización” del turismo? Pues aquí lo tenemos… pero eso sí, si ya eliges viajar en una compañía lowcost, cómo mínimo, no seas tan idiota de pagar por tener acceso preferente… no les des ese gusto…

Coincidiendo con el final de la inesperada perorata, el avión inicia su carrera, levanta vuelo, y enfila recto hacia la costa Mediterránea.

Mi compañero de viaje cierra su libro, y permanece largos minutos mirando por la ventanilla… momentos después, se gira hacia mi, y me reprocha, triunfante: entiendo por dónde vas, por otro lado, si Walter Benjamin escribió este libro en los años treinta, ¿cómo podía predecir los vuelos lowcost…?

29 de octubre de 2012

De placas conmemorativas y crímenes históricos

En la fachada de un ayuntamiento de una pequeña ciudad centroeuropea encontramos la siguiente placa conmemorativa: “en memoria de los crímenes cometidos por los regímenes comunistas a nuestros ciudadanos [1945-1989]”. Me quedo mirándola y trato de imaginar una placa similar, en unos años, que rece: “en conmemoración de las miles de víctimas del capitalismo salvaje [1989-20¿?]”.

nota aclaratoria: no pongo al mismo nivel los crímenes de la dictadura comunista con la democracia. Lejos estoy de una postmodernidad que tantos males nos ha traído. Pero nuestro sistema democrático ha dejado hace tiempo de estar al servicio del ciudadano para convertirse en coartada criminal de los intereses económicos del momento. ¿Cómo explicar sino el desahucio de 350,000 familias, y tan solo en España? ¿O la condena al paro de más del 25% de la población activa del país? ¿Imaginemos el “transfer” de 350,000 familias por la fuerza? ¿No se podría considerar, en un futuro, bajo el prisma de una sociedad que evolucione hacia una forma de gobierno al servicio honesto de la población, como un crimen de lesa humanidad? Miremos a Grecia, por ejemplo, y veamos los desmanes que se están haciendo en nombre de esa supuesta democracia, que no deja de ser una sigla vacía de contenido, en la medida en que la ciudadanía, y sus verdaderos representantes, no logren subyugar los intereses particulares de algunos y sus colaboradores, al interés general de la sociedad. Todo el resto, no son más que habladurías retóricas vacías de todo sentido. Democracia, por supuesto, sí. Pero exige su refundación, devolverle su sentido. 

20 de julio de 2012

Haciendo tiempo

En Berlín, dentro de un par de horas vuelvo a presentar aquí “Quién mató a Walter Benjamin…”.

Mientras tanto, y aprovechando el tiempo (y el clima, que más que un julio estival nos recordaría a un febrero mediterráneo tormentoso), hago un poco de orden. Encuentro un documento, escrito hace tiempo, con dos notas mías:

“En muchas circunstancias si uno callaría, no habría más que hablar. Deberíamos comenzar a discernir entre el encuentro y los simulacros de diálogo. Entre el hablar y la verborragia compulsiva. ¿Con cuánta gente nos encontraríamos si dejásemos de monologar?”

“Un proyecto no puede arrastrase infinitamente, pienso, mientras contemplo el reflejo de las torres sobre el mar… primero fue el reflejo, luego las torres. No, pienso, un proyecto no debería posponerse constantemente… empezar a cavar sobre una tumba”.

Algo más: en mi vuelo hacia aquí, me acompaño Klaus Mann y algunos de sus artículos. Da temor ver hasta que punto sus escritos de los primeros años 30′ recuerdan nuestro momento histórico. Cito: “nuestro continente y nuestra civilización parecían encontrarse en un estado de relativa tranquilidad. ¡Vaya ilusión! Aquella era la calma que precede a la tormenta y los rayos no tardaron en caer: crisis económica, empobrecimiento progresivo, victoria de los fascismos, amenaza de guerra mundial. Todos nos vimos implicados. De entre aquellos que tenían corazón e inteligencia, nadie permaneció indiferente. Y los mejores cambiaron” (1935).

Luego pensé… ¿quién hubiera imaginado su presente cinco años antes? ¿y el nuestro dentro de cinco?

Por eso, ayer hablando con M., le explicaba que estos tiempos que estamos viviendo exigen otro tipo de respuestas dentro del arte. Y  más aún, si es cine documental. M., tras un corto silencio, responde, sonriente y marcando su acento: “España será el Stalingrado del euro. Ya lo verás”.

3 de junio de 2012

La ocupación

Nos cuentan que Alemania presiona para que España acepte, finalmente, solicitar el fondo de rescate europeo. Quieren nuestra rendición incondicional. Tras un par de años de bombardeos de deuda masivos, ataques bursátiles y terrorismo financiero, el enemigo ya está maduro para solicitar su rendición. Otro país más a sumarse a la lista de territorios ocupados, sin soberanía, con mano de obra barata, y grandes oportunidades de negocio.
No sé que les pasa a esta gente, de que mal incurable sufrirán: cada vez que levantan cabeza, miran a hacia el resto del continente y ya están elucubrando como hacerlo suyo. Sino sirven las armas, servirá la economía, piensan.
Y allí los tenemos ocupando Atenas, Lisboa, Dublín… y quieren también Madrid. ¿Cómo lo lograrán? Muy sencillo (ay, bendita memoria histórica): cuatro columnas que avanzan hacia la capital y una quinta, que bien agazapada entre sus ministerios y bancos, espera ansiosa el momento de sumarse a los festejos de ocupación…
Pero se olvidan el final de la fábula nibelunga (¿memoria selectiva?): siempre que se les dio por fastidiar al continente, terminaron rendidos, por no decir, con su capital arrasado (valga el error sintáctico, que no cambia para nada el sentido de lo dicho).

17 de mayo de 2012

El moscardón

El sonido del insecto se ha convertido en un murmullo constante, habitual. Sobrevuela la ciudad, hasta altas horas de la noche. Busca sospechosos, incidentes. En realidad no busca nada: solo intimidar. Ensayo general de ciudad ocupada. ¿Cuántos días llevamos así? Lecheras antidisturbios se convierten en parte del paisaje habitual, rodando por las avenidas, haciendo notar su presencia. Policías en las esquinas. Exigencias de identificarse en las manifestaciones.

Las narrativas clásicas siempre funcionan. Es como si las personas no termináramos de aprender. Generar la violencia, para tener la excusa de la represión. Estrategia antiquísima. Lo hemos visto el pasado 29 de marzo. ¿Acaso alguien se cree que los estudiantes detenidos eran los mismos que rompían los escaparates y quemaban contenedores? Yo estaba filmando esa mañana en El Corte Inglés de Plaça Catalunya. Vi tres chavales con pinta de quinquis, con su cara tapada, acercarse a los manifestantes en busca de gresca. Los congregados le recriminaron su actitud. A falta de acción, se alejaron en busca de otro escenario. Testimonios como estos he oído bastantes. Todos coincidentes: los que comenzaban la violencia no parecían parte de la protesta (su estética, la manera de actuar, etc.). Da que pensar. Luego viene la prensa y festeja: habla de los disturbios, de la violencia, pero no del éxito de la concentración. Pensemos: si la violencia está tan arraigada en Barcelona, tal y como justifican los responsables de mantener a la población a raya, ¿cómo es que no ha habido ningún incidente durantes estas dos semanas que nos las pintaban como el Apocalipsis? Ellos dirán que es porque se han tomado precauciones… pero nosotros lo sabemos. El moscardón seguirá volando sobre nuestras cabezas… ahora mismo ya me está llegando su resuello.

5 de abril de 2012

De huelgas y benjaminianos

Iba a escribir sobre la huelga, sobre la enorme concentración de personas en la manifestación, sobre el seguimiento en el centro de Barcelona y sobre como nadie hablo de ello –lo importante– con la excusa de los disturbios posteriores. Iba a escribir de todo esto, y de cómo los antidisturbios, una especie de cuerpo de antisistemas pagado por el Estado, disparaba sus pelotazos de goma a la masa de manifestantes, sin discriminación (“yo lo vi”). No sé si hay o no una estrategia a priori, pero el resultado es siempre el mismo: amedrentar a la gran masa de manifestantes normales… familias, gente con niños, gente que va a manifestarse en paz. Las protestas pacíficas, son siempre molestas.

Decía que iba a escribir sobre estas cosas cuándo ayer, antes de irme a la cama, tuve la mala idea de echarle un vistazo a facebook. Al abrirlo, me araña la imagen de una caricatura (en alemán) a manera de díptico. En el dibujo de la izquierda, bajo el vocablo “ayer”, vemos un soldado nazi deteniendo a un niño judío, y al fondo, lo que parecerían ser las ruinas de un gueto europeo. En la viñeta  de la derecha, bajo el “hoy”, un soldado israelí frente a un niño palestino (lleva kefia) y tras él el paisaje desolado de una posible Gaza. Lo que más me sorprendió del asunto no fue el dibujo, ni la caricatura, acostumbrados ya como estamos a todo tipo de necedades cibernéticas. Sino el remitente, es decir, la persona que la cuelga: un digno profesor universitario, especialista en literatura alemana, y para más inri, estudioso de Walter Benjamin (así nos conocimos). A decir verdad, ya había detectado algo de escurridizo en su discurso…

Años atrás, escribí unas notas para un texto que no seguí y que versaba sobre el peligro de muchos “benjaminianos” para el mismísimo legado de Benjamin. La ortodoxia, el sectarismo y la cerrazón que acompañan a muchos de estos discursos (no es distinto a lo que sucede con Goya: muchos goyistas de hoy, de haber sido parte de la Comisión del Cabildo del Pilar, también hubieran rechazado su obra).

Hace unos días, en Berlín, M. me confiesa que tras algunos autodenominados benjaminianos, él cree encontrar, a veces, un “ligero” antisemita (quieren a Benjamin, pero soslayando todo lo judío que hay en él. De ahí, que se opongan, de manera instintiva, a todo discurso que apele a sus influencias hebreas).

Viendo lo visto durante todos estos años alrededor del tema, make sense.

9 de marzo de 2012

Instituciones

Las instituciones son como las personas. Las hay dialogantes, respetuosas, arrogantes, displicentes, opacas, transparentes… en realidad, son más que las personas que las conforman. Y esto es un tema interesante, casi místico. Es como si en ellas planeara una manera de ser que es general a todos sus miembros.

Decía mi querido R., al frente de una importante institución, que “las relaciones entre los artistas y las instituciones tienen que basarse en el respeto mutuo”. Cuándo con una fundación, museo, centro cultural o similar, la comunicación se tuerce, hago lo que haría con una persona querida. Le expongo mis razones, quejas y argumentos y quedo a la espera de su respuesta, invito al diálogo. A veces hay suerte, y tras esa pequeña crisis, surge una relación duradera.

Las personas, como las instituciones, responden como su propio espejo:  nos ratifican o rectifican nuestras sospechas. Los dialogantes, dialogan. Los displicentes se sienten ofendidos y no aceptan crítica alguna, insultan en su respuesta. Es como si no tuvieran fondo y fueran una mera caricatura de ellos mismos. No son capaces de meter los pies en el agua. Cuándo uno se topa con alguien así, sea institución o persona, no hay futuro posible. Lo mejor es desconectar.

16 de febrero de 2012

Ese azul del cielo…

Sueño que al levantarme escribo: “hermoso día soleado de invierno, el frío a remitido… ” Al abrir los ojos, lo primero que hago es buscar la luz exterior. Más allá, el Tibidabo en su extensión, el cielo despejado, azul… no enciendo la calefacción, no siento frío. Tomando el primer café de la mañana, escribo en mi libreta: “hermoso día soleado de invierno… el frío ha remitido”. Horas después, recuerdo el sueño.

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7 de febrero de 2012

La coherencia del personaje

El hombre que teclea con fiereza su ordenador, caminará de la misma ruidosa forma, suspirará al sentarse, hará bulla al coger sus bártulos.

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20 de enero de 2012

El tiempo libre

En mi libreta, encuentro anotada una frase oída hace un par de semanas, al pasar por la puerta de una gran superficie de compras: “disfrute de su tiempo libre, comprando en nuestras rebajas”. De juzgar por la cantidad de gente que entraba y salía, la frase tiene bastante éxito.

9 de diciembre de 2011

De Jerusalén a Alicante…

Al regresar de Jerusalén, en seguida salgo para Alicante…. En el avión, un viaje de tan solo una hora, me dispongo a tomar algunas notas sobre mi proyecto en Jerusalén. Me siento inspirado. La urgencia de la hora, tal vez. Las frases salen solas, la figuras se dibujan sin dictarlas. La mano obedece, no, más bien guía. Unos minutos de magia.Interrumpido de repente. Un niño llora sin descanso, y mi vecino de atrás,vozarrón, bromea castizamente con su compañero de fila. Ejercicio de abstracción, tipo yoga. Imposible. Las palabras huyen, la mano ya no obedece. ¡Mierda! Me levanto, voy al baño. En realidad salgo a inspeccionar lasituación. Detecto tres opciones. Al regresar del baño, me decanto por una. Instintivamente. Pregunto al único ocupante de la fila de tres. ¿Te molesta queme siente aquí? ¡Qué va!, me contesta, haciendo espacio, en una cordial invitación. Cojo mis cosas, y regreso. Me siento dispuesto a seguir escribiendo. Mi vecino lee. Pasados unos minutos, me hace una pregunta. Le contesto. Nos ponemos a hablar. Resignado, abandono la escritura. Se llama Marwan, me dice. Con “doble v”, le digo. ¿Cómo lo sabes?, pregunta con asombro. Es que somos vecinos, pero vivía en la acera de enfrente…, digo.  Risas. Marwan es músico. Nació y vive en Madrid. Su padre es palestino. Hablamos de Jerusalén, de música, de cine…  Le comentó algo visto en mi última visita a Jerusalén. Le tienta. Digo: podríamos hacer algo interesante. Asiente. Esa noche toca en Elche. Me invita. Al final no pude ir. Estando en Altea, terminamos tarde. También allí agradables encuentros. Disfrute de la hospitalidad, de los diálogos. Del reencuentro con K., años después. En veinticuatro horas, ya estaba de regreso en Barcelona.  El tiempo es así, a veces se desinfla,se rompe la línea del progreso, y se torna circular. Es allí dónde aparece la magia…
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