140

Le cuento a Nathan la historia de M., a quién no invité más y nunca supo porque. 
–¿Y por qué no se lo dijiste? 
–¿Decirle qué? ¿Qué se lave las manos después de ir al baño y sentarse a la mesa a comer? ¿Cómo le voy a decir eso a una persona ya grande? 
–Entonces no lo invitaste más. 
–No
–¿Te parece mejor?
–No, pero me dio asco y las cosas son así. 
–No me parece. 
–A ver, te lo cuento para que entiendas de qué te estoy hablando. Otro ejemplo. El otro día vino tu amigo S. Toco todo, le tuve que advertir que no abra todos los cajones, ¿no?
–Sí, es demasiado curioso y no se portaba bien. Tocaba todo, se metió en tu estudio y tocó tu cámara y tu ordenador y te enojaste. 
–Entonces, ¿tu crees que la próxima vez que venga estaré contento?
–No
–¿Y crees que le diré a su padre por qué no invitamos más a tu amigo?
–No
–¿Ves?… come entonces con la boca cerrada y la espalda recta.  

(diciembre 2019)

139

Sus manos delgadas, su cuerpo grueso. Sus manos dan cuenta de un culo gordo sentado demasiadas horas en un sillón arrellanado. Su vientre hinchado nos habla de comidas copiosas pagadas por el contribuyente… 

(octubre 2019) 

Crónicas e historias

«Es sumamente raro que los hombres cuenten una cosa simplemente como ha sucedido, sin mezclar al relato nada de su propio juicio. Más aún, cuando ven u oyen algo nuevo, si no tienen sumo cuidado con sus opiniones previas, estarán más de las veces, tan condicionados por ellas que percibirán algo absolutamente distinto de lo que ven u oyen que ha sucedido; particularmente si lo sucedido supera la capacidad de quien las cuenta u oye, y sobre todo si le interesa que el hecho suceda de determinada forma. De ahí resulta que los hombres, en sus crónicas e historias, cuentan más bien sus opiniones que las cosas realmente sucedidas; que uno y mismo caso es relatado de modo tan diferente por dos hombres de distinta opinión, que parece tratarse de dos casos; y que, finalmente, no es demasiado difícil muchas veces averiguar las opiniones del cronista y del historiador por sus simples relatos».

Tratado Teológico-político, Baruch Spinoza. 

138

Consulado de Colombia. Trámite de visado. Una mujer le dice a otra: «renunciar a tu patria es como renuncia a tu madre, mi tierra es mi tierra». La mujer se percata de mi atención. Mirada reprobatoria, condescendiente.

(noviembre 2010)

137

En la plaza. Oigo a un padre decirle a otro: «Hombre, ¡has de disfrutar la vida como si fuese el último día!».  

«¡Que imbécil!», pienso observando al prototipo de piso-propio-e-hipoteca –cuenta en La Caixa, votante de Convergencia, bermudas azul oscuro por sobre la rodilla, camisa de manga corta– que sale los domingos a jugar un ratito con su hijo.  

La frase, por más que se repita hasta el hartazgo, es cáscara vacía. Se deja de lado un elemento fundamental. Justamente lo que se convierte, a lo largo de nuestra existencia, en una pesada carga: el aspecto económico, material.   

Si tuviera que vivir cada día como si fuese el último, no me preocuparía por tener ahorros, ni pagaría impuestos, ni menos aún cumplimentaría la declaración de la renta. Con lo cual, la frase no resiste el menor examen. 

(enero 2018) 

Escribir cada día

«Durmió una siesta de una hora y descansó bien. Se sentía mucho más sereno. Escribir, reflexionar, le asentaba. El día que no escribía algo, lo que fuera, le parecía perdido.»

Nuestro GG en La Habana, Pedro Juan Gutiérrez.

136

Vanidad de vanidades. Un famoso se muere y ya están todos colgando sus fotitos con el susodicho. Colección de frikies. Todo a mano para darse humos de importancia.

(septiembre 2016)

135

Soñé que Binyamin Netanyahu se convertía en presidente de los palestinos. Como tal, era un negociador implacable, intransigente, imposible… Ante la sorpresa de los israelíes, alguien recuerda: «no hay de qué sorprenderse, siempre supimos que lo único que le importaba era ejercer su propio poder». 

(enero 2010)