155

Mi hijo, con su curiosidad habitual, me pide que le cuente la historia. Se la cuento. Al terminar, me pregunta:  
– ¿De verdad salía una voz de la montaña? 
–Así es como está escrito. 
Se queda pensativo, imaginando la escena. Tras un largo silencio, entre cucharada y cucharada de su yogurt, pregunta, detectivesco: 
– ¿Una voz fuerte, truenos y relámpagos?  
–Es lo que dicen.  
– A mí me parece que no puede ser. ¿Y tú qué piensas? 
– Cuando tenía tu edad estaba convencido que sí. Ahora tengo mis dudas… 
– ¿De verdad creías que sí? –mirando decepcionado a su padre.   
– Pues sí. Mira, el abuelo Salomón, si le preguntas, también cree que había una voz, truenos y relámpagos.  
Nathan se ríe… y, dos cucharitas más tarde, afirma socarrón:   
– Bueno, sí, claro.  
– Creo que tus primos piensan que no.  
– Es que los niños no creemos en esas cosas.  

(Shavuot, junio 2020) 

154

El primer carrete que fotografié en Terezin no se expuso bien. A uno le gustaría argumentar algún tipo de razón metafísica, tan propia para las circunstancias. Pero su explicación seguramente sea más sencilla, pueril, diría, y no se deba más que a la confusión entre un carrete blanco y negro y otro en color, entre una sensibilidad y otra. Un negativo donde se insinúan retazos, signos. Unas líneas apenas perceptibles que dan cuenta de una realidad que no llegó a cristalizar.  

Días previos al rodaje de mi film sobre Walter Benjamin recuerdo una pesadilla: «un cuarto oscuro, un negativo que a punto de revelarse se vela… una capa gris que lo diluye todo…». A mitad de rodaje, otra, si bien distinta, recurrente en su sentido íntimo: una entrevista cuyo audio no quedaba grabado.  

(septiembre 2012) 

149

Me desperté, repentinamente, cargado de malos sueños. Miro por la ventana, apenas clareaba. El primer pensamiento es: «buena luz para moverse entre los bosques». No puedo volver a dormirme. Miro la hora, cinco y cincuenta. Me percato de algo más: hoy es primero de septiembre. Si los lugares tienen memoria, y las fechas también, entonces esta es una madrugada terrible. 

(Köln, septiembre de 2003) 

Kafka

«¿Ha oído hablar de nuestro anterior comandante? ¿No? Pues bien, no exagero si digo que la organización de toda la colonia penitenciaria es obra suya. Nosotros, sus amigos, supimos en cuanto murió que la organización de la colonia está tan bien trabada en sí misma que su sucesor, aunque tenga mil planes nuevos en la cabeza, al menos durante muchos años no podrá modificar nada de lo antiguo».  

En la colonia penitenciaria, Franz Kafka.